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18 de diciembre de 2018 18/12/18

Opinión

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La valentía de Quique se verá contra Forlán


  • 07 de enero
    de 2010
  • José Miguélez

Más o menos seis años llevaba el Atlético demandando un reproche enérgico contra los jugadores. Una crítica en voz alta desde dentro. Alguien que contara de una vez la verdad, que los sujetos que visten lo que queda de la camiseta rojiblanca no son profesionales. Lo gritó Quique Flores, que no es inocente del pecado, tras el último atropello de los mal llamados futbolistas del Atlético a la dignidad del escudo que todavía les da de comer. El mal del Atlético, que es crónico e institucional, que tiene más que ver con la identidad arrancada que con una cuestión futbolística, se refleja cada partido en el conformismo y la indiferencia de los jugadores, convertidos en unos mediocres consentidos por la falta de exigencia pregonada desde los despachos desde hace más o menos seis años. Por eso no estuvo mal que tras el último episodio vergonzoso de esa gente alguien de la jefatura se pusiera por una vez en la piel del aficionado y la retratara en público. Porque ya está bien.

Aplaudir la conferencia de prensa de Quique Flores no es liberarle de la culpa que le corresponde en el infame comportamiento del Atlético en Huelva. El entrenador tiene mucha culpa, muchísima, de que un equipo se desentienda de sus obligaciones. El entrenador tiene culpa de dejar correr el descanso sin gritar una sola corrección. Y de que el conjunto madrileño no pasara en todo el segundo tiempo del medio campo, como si el 2-0 en contra fuera un resultado aceptable. El entrenador, además, quedó realmente mal por el cambio de Cedric, aunque no pretendiera señalarle por su error en el penalti. Si se confía en el chaval, se confía. Cualquier otro compañero debería haberse ido a la caseta tras la expulsión de Ujfalusi. Cualquiera menos el chico que en actitud todavía está fuera de sospecha.

Pero expuestos los errores del técnico, hay que aplaudir su conferencia de prensa. Porque además tiene sus riesgos. Sus insultos en caliente le enfrentan un poco más con ese vestuario que definitivamente tampoco maneja. Los jugadores, expertos en esas batallas, pretenderán expulsarle enseguida del camerino. Quique debe demostrar ahora que es capaz de dominar el revuelo, mantener su autoridad y poner firmes a los dudosos profesionales. El club, quién sabe si para desautorizarle o para no herir más a los mimados jugadores, omite en su página web los ataques del entrenador contra la plantilla. Pero Quique está obligado a mantener en frío lo que escupió en caliente. Y debe actuar, como prometió, contra los futbolistas que defraudan al Atlético. Aunque no dio nombres, el fútbol sabe a quién se refiere. Si ahora va contra las piezas menores, el técnico quedará en evidencia. El escarmiento lo necesitan las piezas mayores. Y no hay pieza mayor que se desentendiera de su trabajo el miércoles (y lo que va de curso) que Forlán. Es a través del uruguayo, por ejemplo, donde se va a ver la dimensión moral de Quique y de su bronca.

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