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9 de diciembre de 2019 9/12/19

Opinión

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La sonrisa de Marcelino


  • 24 de noviembre
    de 2017
  • Ricardo Rosety

No recuerdo desde cuando conozco a Marcelino. Supongo que sería en su etapa de técnico en el Lealtad de Villaviciosa, muy cerca de su Careñes natal. Cuentan que en el vestuario de Las Callejas trataba a los futbolistas de la misma manera que hace ahora en el de Mestalla. Supongo que de aquello podrá dar cuenta Rubén Uría, hoy su ayudante. En aquel Lealtad, fue quien colgó el balón al área en el último minuto de la temporada 97/98, en una jugada que terminó en gol y en un ascenso histórico. Aquel año en prácticas ya mostró la clase de entrenador que es Marcelino García Toral, un técnico metódico que te va convenciendo al mismo tiempo que te demuestra cuál es su camino.

Marcelino es un tipo pasional, de los que no dejan situaciones al azar. Lo aprendió en Gijón cuando se vio en un banquillo de Segunda con un histórico necesitado como su Sporting y un ambiente deprimido. Con David Villa recién traspasado, su llegada despertó recelos. Hasta que empezó a jugar. Mostró un equipo de ideas claras que se creyó en Primera, y volteó la dinámica con su fútbol. Cuando el Sporting se acostumbraba a la Segunda, él demostró que su sitio era la Primera división. Llenó El Molinón, y lloró por el ascenso, que rozó con los dedos, hasta que se escapó un domingo de mayo en Ipurua. Sin duda, hay un antes y un después de Marcelino en Gijón.

Su trayectoria se conoce. Pero Mestalla ha mostrado otra versión de Marcelino. Se le iluminó la cara como quien abre un regalo inesperado el Día de Reyes, porque vio en el Valencia el club grande que ha sido siempre. Firmó porque tenía el equipo en su cabeza. Sabía lo que quería y veía que era posible. Cualquiera que lo conozca le ha visto el brillo en sus ojos desde antes de llegar a Paterna. Le han dejado, le han dado lo que pedía, y su respuesta es un equipo con números de luchar por el título, que practica el mejor fútbol de la Liga. Ningún futbolista ha jugado mejor que este año con Marcelino. Eso, ya es una victoria. Sabe que es su momento. Valencia es su equipo. Mestalla es su lugar. Por eso disfruta. Y por eso sonríe.

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