Archivo
16 de julio de 2018 16/07/18

Opinión

Opinión

La sombra de Uríos es alargada


  • 24 de enero
    de 2009
  • Antonio Toca

Mal acaba lo que mal empieza, y no quiero ser ventajista. Antes del inicio del Mundial de Croacia, me escribí una nota con los pros y los contras que veía en la selección española de balonmano. Todo terminaba enfocándose en dos puntos: la medalla olímpica fue un espejismo trufado de mucha buena suerte y la pesada carga que la lesión de Rolando Uríos suponía para el juego de ataque. Por desgracia, ambas cosas se han confirmado.

El balonmano español tuvó que realizar unas elecciones a la presidencia poco antes del inicio de este mundial. Aunque los nombres de Juan de Dios Román y Valero Rivera transmitían confianza, preparar un torneo tan importante en tan poco tiempo es casi imposible. Valero hizo una apuesta pensando en el ciclo que debe llevar a Londres 2012, una combinación de veteranos y noveles, pero en estos últimos apostó por su círculo de confianza, lo que unido a las lesiones, nos dejó sin un lanzador zurdo.

Lo que uno ve, sin embargo, es una selección que creció bajo el paraguas de Andrei Tchepkin y Talant Duishebaiev, con el empuje de Massip y Barrufet, más la llegada de Rolando Uríos, huérfana de lo que ellos inculcaron. Defensa, genio y ataque. Ellos amamantaron a los veteranos de esta selección que ahora ha fracasado. Y es que los ciclos triunfales terminan, y el de España ya viene desde 1995. A modo de consuelo, pensemos en Suecia, que disfruto del talento de una generación irrepetible, y hasta en Francia, que ha seguido el ejemplo español, pero que tuvo sus años de travesía del infierno hasta que apareció Karabatic (ahora mismo el mejor jugador del mundo).

En toda competición internacional -y más en balonmano, donde hay mucha igualdad- cuenta la suerte que te depara el sorteo. Esa es la diferencia entre este Mundial y el éxito de Pekín 2008. A día de hoy, Francia está dos y tres peldaños por encima del resto; el peso de la anfitriona, Croacia, con un público tan entregado cuenta lo suyo, y además los croatas están un paso por encima del resto. El sorteo deparó en Pekín estar en su mismo grupo de clasificación, como en cierta forma ha sucedido en este Mundial. ¿Cuál es el matiz? Que allí había cuartos de final y en Croacia iban a ser partidos de grupo en una segunda fase y luego semifinales directas. Y España estaba en el lado de los dos mejores.

Un cuarto puesto en el grupo de clasificación en China se convirtió, por un afortunado cruce en cuartos, en una semifinal ante Islandia, subcampeón olímpico que no se ha clasificado para este Mundial, desperdiciada, pero que mostró el nivel real de una selección que hizo el partido de su vida en la lucha por el bronce. De ahí el espejismo, porque en condiciones normales, nunca deberíamos haber tocado metal.

El equipo está en regresión. Nadie en el campo lleva la voz cantante y si uno observa el partido perdido contra Suecia y la paliza de Croacia, los fallos desde el pivote fueron enormes y la aportación de Uríos se antojaba primordial. Después, la ansiedad ante Corea provocó el desastre, pese a que nadie ha pensado si eramos peores que ellos. Por eso la sombra de Rolando Uríos es tan alargada. Sin defensa, ni lo que suma un pivote excepcional en ataque, el destino de España estaba señalado, por mucho que algunos se pusieran la venda en los ojos.

Tenemos una de las mejores ligas del mundo, pero si apuntamos los equipos españoles que juegan la Liga de Campeones, y los jugadores españoles que tienen esos equipos, podríamos empezar a intuir que el ciclo triunfalista va a tener que esperar un poco más. Valero Rivera habrá anotado muchas cosas y esperemos que importantes. Porque, en caso contrario, a un grande del deporte español como David Barrufet le habrá hecho una putada. En la selección hay que saber cuándo retirarse. Barrufet escogió el momento ideal que la fortuna le había asignado. Y por cumplir con una amistad, se va a ir por la puerta de atrás. Como Rolando Uríos, que avisa de su posible renuncia si no se recupera de su lesión.

Pintan bastos. De suicidio, poco; pura y simple realidad. Es lo que tienen los ciclos buenos: que en algún momento se tienen que terminar.

Suscríbete a nuestro newsletter

Volver arriba