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22 de septiembre de 2018 22/09/18

Opinión

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La Real empujó a Iñigo Martínez


  • 31 de enero
    de 2018
  • Iñigo Marín

Iñigo Martínez ha dado un enorme disgusto a la Real y su afición con su marcha al Athletic, no sólo por el ‘adiós’ en sí, sino por cómo se ha producido: Uno de los capitanes -que llegó a decir públicamente “nunca me iría al otro bando”- se enrola en las filas del eterno rival la víspera del cierre del mercado invernal, previo pago de su cláusula de rescisión.

Queda demostrado una vez más que el romanticismo no tiene hueco en el fútbol moderno. Y también que la Real no tiene argumentos financieros ni deportivos para retener a uno de sus símbolos. Eso puede ser lo más difícil de asimilar para la parroquia txuri urdin y para el propio club.

Jokin Aperribay ya jugó la baza deportiva para que Iñigo renovara en 2016, cuando firmó hasta 2021, pues le prometió que el proyecto daría un salto de calidad y sus opciones de estar en el Mundial de Rusia aumentarían. No obstante, el central no las debía tener todas consigo porque peleó la bajada de la cláusula de rescisión tanto como el aumento salarial. Esta cláusula pasó de 40 a 32 millones… y, de hecho, esa cifra se habría reducido automáticamente a 25 ‘kilos’ en 2019. Parece que acertó el defensa al ir allanando su salida, porque el equipo, lejos de dar un salto de calidad, deambula esta temporada a paso de cangrejo… y no sólo en la clasificación.

En todos los estamentos del club -desde la zona noble hasta el banquillo, pasando por la dirección deportiva- se han puesto una venda en los ojos ante cada traspié que se han encontrado. Da igual que hablemos de la confección de la plantilla que de la gestión del vestuario, donde varios jóvenes talentos de la cantera se encuentran defenestrados y desaprovechados, a pesar de ser, irónicamente, deseados por otros clubes, Athletic incluido. Parece que quienes dirigen el club no son conscientes de los problemas que tienen delante o, simplemente, piensan que todos ellos se resolverán por arte de magia. La única certeza es que el camino tomado desde hace un tiempo por la Real, el del conformismo y la autocomplacencia, sólo conduce a un destino, de infausto recuerdo para todos. Por no decir que, además, provocará que el amargo episodio protagonizado por Iñigo se repita más pronto que tarde.

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