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7 de diciembre de 2019 7/12/19

Opinión

Opinión

La que has liado, Moreno


  • 19 de noviembre
    de 2019
  • Ricardo Rosety

Vaya por delante, que la vuelta de Luis Enrique es una gran noticia para el técnico asturiano, para la selección y para el fútbol. La hubiésemos firmado desde el mismo momento en que tuvo que coger ese vuelo de madrugada desde Malta. Es un regreso que todo el mundo da por natural y lógico, si el protagonista quiere volver de motu proprio. Ese no es el problema. No se trata de quién es más idóneo para dirigir a la selección en la Eurocopa. Tampoco ahí está la cuestión.

Rubiales quiso fotografiar en su rueda de prensa cada paso de esta historia, haciendo públicos hasta los WhatsApp de Robert Moreno. Nadie ha hecho nada malo, salvo Moreno. Todo es correcto y transparente, salvo la postura de Moreno. No será todo tan claro, tan diáfano y tan esperado cuando el técnico catalán no quiso dar la rueda de prensa posterior al partido del Metropolitano ni haya querido reunirse con Rubiales y Molina en Las Rozas. El director deportivo de la Federación dice que la vuelta de Luis Enrique se estaba “valorando”, pero el presidente deja claro que “siempre le dejamos la puerta abierta a Luis Enrique, y todo el mundo lo sabía”. Si el técnico asturiano quería volver, no queda claro qué era lo que había que valorar entonces por parte de la Federación. Había que cumplir con la palabra dada.

A finales de septiembre, coincidí con Robert Moreno en el aeropuerto de Madrid-Barajas. Llegó el momento de preguntarle por Luis Enrique, y su respuesta fue esperanzadora porque está “muy bien” de ánimo. En realidad, “mucho mejor” de lo esperado para el momento que había pasado un mes antes. Pero nadie sabía nada de su posible regreso a los banquillos. Ni a ese, ni a otro. No era un tema encima de la mesa ni una pregunta que realizar aún. Que algo se ha roto entre Robert Moreno y Luis Enrique es evidente, pero ninguno de los dos ha hablado para aclararlo. Está por ver que quieran hacerlo. Falta un capítulo para entender la historia desde todas las partes, porque ni Rubiales ni Molina han querido contarlo, por ahora, de manera pública.

Lo que también es evidente es que toda esta historia se destapa por una indiscreción del presidente de la Federación el pasado viernes. Era un asunto en “stand by” durante la fase de clasificación que se activó para centrar la atención del momento. Y puede que el enfado de Moreno también tenga que ver con una petición de silencio durante un tiempo que no se ha respetado. A falta de conocer ese capítulo con el que entender el libro, queda claro que Rubiales colecciona problemas desde que es presidente de la Federación. Si ejemplar fue la transición de Luis Enrique a Robert Moreno, el camino inverso ha resultado esperpéntico. El técnico catalán se va con la sensación de despedido cuando ha cumplido con nota en esta etapa. Y eso que pocos le consideraron un seleccionador con el nombre y el curriculum necesario. Y Luis Enrique llega con un montón de cuestiones que responder y aclarar cuando sólo verle de nuevo en el banquillo tendría que ser la noticia del año. Con independencia de los motivos, queda claro que el punto fuerte de Rubiales no es despedir a un seleccionador.

Otra vez que se marcha por la puerta de atrás. Y eso que esta vez nadie ha hecho nada malo. Salvo Robert. La que has liado, Moreno.

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