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3 de septiembre de 2020 3/09/20

Opinión

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La ley de los tramposos


  • 22 de junio
    de 2011
  • Sergio Barriocanal

“Algunos clubes utilizan dinero que no tienen mientras que otros tienen que conformarse sólo con el suyo. Han utilizado la Ley Concursal de un modo perverso”. Las acertadas palabras del Secretario de Estado para el Deporte, Albert Soler llegan con siete años de retraso y confirman el dicho popular: “Hecha la ley, hecha la trampa”

El espíritu de la Ley Concursal era ayudar a empresas y sociedades en apuros, fijarles un horizonte y otorgar facilidades de pago con sus acreedores para que pudieran continuar con su actividad. Pero no como un fin ni como la fórmula ideal para deshacerse de deuda, demorar los pagos y perjudicar a terceros que es para lo que la utilizan los clubes de fútbol, en un tejemaneje que llega a ser aplaudido. Al calorcillo de la Ley Concursal han ido acercándose muchos equipos que más que una tabla de salvación la consideran un medio para quitarse un marrón de encima y mañana dios dirá. “Yo prefiero ir a un club en concursal aunque cobre menos porque sé que voy a cobrar seguro”, me decía hace poco un entrenador. Y sí, puede ser, porque una vez dentro los administradores lo que se firma se paga. El problema es lo que queda atrás.

Dentro de poco ya no se tratará de qué equipo juega mejor sino qué administradores judiciales son los más coherentes, flexibles y dispuestos. Incluso puede que alguno sea forofo del club que tutela. Los dueños proponen y el administrador dispone. Y así, se van sumando equipos al ‘club de los tramposos’, los que como decía Soler utilizan dinero que no tienen mientras otros haciendo equilibrismo financiero cuadran cuentas, pero fallan deportivamente al no poder competir en igualdad de condiciones. Le pasó al Valladolid, incapacitado económicamente para reforzarse en el mercado de invierno -lo hizo con tres cesiones- y al Tenerife, que no fichó a nadie; mientras rivales directos como el Zaragoza, por ejemplo, hoy en Ley Concursal, fichaba a siete jugadores: Colunga, Suazo, Edmilson, Contini, Jarozik, Roberto y Eliseu.

Otro ejemplo difícil de tragar es que cualquier jugador que denuncie un impago a un club en concursal se pondrá a la cola de acreedores sin ningún perjuicio para la entidad que cuenta con cinco años para pagar. Si lo hace un futbolista de otro club cualquiera y la deuda no fuese saldada descendería de categoría. En este caso está el Deportivo, al que Sergio le reclama unas cantidades -bien reclamadas porque son suyas y están firmadas- que aún no ha satisfecho. Lendoiro, que se niega a entrar en concursal pese a la deuda del Depor, lo dijo muy claro y muy alto hace unos días: “A los demás nos toman por gilipollas”.

Si tan preocupado está el Consejo Superior de Deportes debería tomar cartas en el asunto y cortar de raíz esta escapatoria por la que huyen los malos gestores del fútbol. La ley, es cierto, es para todos igual, pero esta ‘concursal’ no está a favor de los trabajadores, ni de los que cumplen, ni de los que se esfuerzan por hacer bien las cosas. Está a favor de los tramposos.

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