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7 de julio de 2022 7/07/22

Ciclismo

La intención como mejor certeza

Sin esperar más. Acuciado por su retraso en la clasificación, con su orgullo de escalador reclamando protagonismo y una pedalada impulsada por una rodilla que no estaba tan mal como nos habían repetido, Alberto Contador dijo basta y propuso el Col de Manse como el comienzo para la decisión final de este Tour, tras exhibir […]


19 de julio de 2011 Daniel Cana - Sportyou

Sin esperar más. Acuciado por su retraso en la clasificación, con su orgullo de escalador reclamando protagonismo y una pedalada impulsada por una rodilla que no estaba tan mal como nos habían repetido, Alberto Contador dijo basta y propuso el Col de Manse como el comienzo para la decisión final de este Tour, tras exhibir facilidad  y contención en Plateau de Beille.

Las medias verdades son tan viejas como el ciclismo, si no directamente una táctica más de las que se emplean en carrera. Todo el mundo habla y distrae, para luego dejar que el viento y el asfalto se lleven las palabras, nimias e insignificantes comparadas con el esfuerzo sobre la bicicleta. Las declaraciones a la prensa dejan sitio a la carretera y, en cuanto coinciden una etapa rápida (hoy, quién si no, Hushovd, gigante como pez en el agua y vencedor, derrotando a Boasson Hagen, la recorrió a más de 46 km/h), climatología adversa o menos cómoda, y, sobre todo, intenciones, la carrera recupera la pasión y la épica, los ganadores y los derrotados, los que acceden al umbral del dolor y los que prefieren quedarse cerca, aun cuando el recorrido no sea el más exigente sobre el teórico papel del libro de ruta.

Un tramo de apenas el 5% de desnivel sirvió a Contador para convocar a los favoritos del Tour. Casi todos acudieron, pero no con la misma alegría. Encantado de la vida Cadel Evans, que relevó y colaboró con Alberto en la subida. También Samuel Sánchez, a quien aún le duran las pilas pese al desgaste que supone correr con el objetivo de cazar etapas en lugar de contemporizar buscando un top ten en la general, lo que le honra. Por detrás, dudas y estupefacción. Al primer arreón de Contador respondió Cancellara, imponente, subiendo sentado llevando a los hermanos Schleck y a Voeckler. Pero solo pudo hacerlo una vez. A la segunda, Andy en persona respondió e incluso amagó con aportar continuidad. No tenía mucho sentido, por detrás solo quedaba Basso. Fue, además, un espejismo. Terminando la subida, Frank tiraba del grupo mientras Andy sospechosamente ocupaba últimas posiciones. Peor fue en la bajada.

Mientras Samuel reservó su probada habilidad en el descenso para otro día con mejor premio potencial y Evans desmostraba su ambición y confianza distanciando ligeramente al duo español, Andy, quizá confuso, seguro temeroso, sufriendo en la peligrosa cuesta abajo, mojada y con el escalofriante recuerdo de aquella curva que se llevó por delante la cadera y la carrera ciclista de Joseba Beloki y que nos pareció convertir a Lance Armstrong, siempre poderoso, en un niño en una bici sin frenos que cae y cae sin saber por dónde escapar, se dejó gran parte del minuto perdido en ella. Cuadrado es poco para definir su performance.

Tras el desenlace noruego y los restos de la escapada, con Samuel terminando tirando de Contador y acercándole a Evans, el grupo de élite que perseguía al trío fue comandado en meta por los admirables Rojas y Gilbert, peleando el verde y dignificando la carrera. También con Frank y el líder. Detrás, Monfort por fin siendo útil llevando al desfondado hermano pequeño a casa, para reflexionar quizá sobre eso de «necesito puertos más duros y selectivos». Los entrenos con público realizados en muchas subidas de la reciente Vuelta a Suiza deben estar a punto de convertirse en rendimiento y dar sus frutos. Mientras, justo después de Andy, apareció Cavendish, empeñado en demostrar que no sube los puertos agarrado a los coches y, de paso e involuntariamente, dejando en mal lugar al aspirante.

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