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24 de abril de 2018 24/04/18

Opinión

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La guerra del madridismo


  • 12 de enero
    de 2018
  • Paco Navacerrada

Cuando el árbitro del partido de vuelta de los octavos de final de la Copa del Rey dio por finalizado el choque y la eliminatoria, muchos de los aficionados que se dieron cita en el Santiago Bernabéu mostraron su disconformidad, no ya con el empate, sino con el juego desplegado por el Real Madrid. Seguramente, todos esos aficionados serán tachados de antimadridistas por todos esos madridistas de nuevo cuño y cuyo sentido de la crítica no llega, ni siquiera, a reprender al compañero de al lado que no se sabe la canción de turno o que desafina.

Pero el aficionado y socio del Real Madrid no es tonto y lleva muchísimos años viendo jugar a su equipo y disfrutando del mejor fútbol del mundo. No creo que sea pecado, ni mucho menos, criticar a este o aquel jugador; decir que el entrenador se ha equivocado en este o aquel cambio; o reprochar que el club no vaya a fichar a nadie en esta ventana de invierno, cuando hay posiciones que deben reforzarse y saltan a la vista cuales son.

Por decir cualquier cosa de éstas no creo que se vaya contra el Real Madrid. Cualquier crítica positiva siempre debe de ser bien recibida. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, cualquier madridista que critique cualquier cosa referente al equipo o al club ya es tachado de antimadridista. A mí me resulta sorprendente que gente dirigida ponga en tela de juicio de madridistas de treinta, cuarenta o cincuenta años de socio. Sobre todo, cuando esas críticas vienen de gente que ni siquiera es socio.

Yo entiendo que debe de ser complicado, muy difícil, concentrarse durante noventa minutos para poder levantar el ánimo de unos jugadores alicaídos y de una afición que no pasa ni una. La grada de animación no es el Real Madrid ni puede apoderarse del sentimiento madridista que es de cada uno. Debe de ser frustrante pasarse todo el partido intentando empujar, no ya a los futbolistas, sino al resto de aficionados del estadio, y comprobar que nada de lo que hacen surte el efecto pretendido.

Creo que todo iría mucho mejor si todos los aficionados, y cuando digo todos los aficionados quiero decir todos, remasen en la misma dirección, animasen al equipo en los malos momentos y se pudiesen decir las cosas que están mal sin ningún tipo de cortapisa.

Por lo pronto, el que debe cambiar es Zinedine Zidane. Sigo pensando que es el entrenador ideal para el Real Madrid. Su carácter, personalidad y carisma le hacen muy bien al equipo. Pero debe cambiar. Debe dejar a un lado el politiqueo y alinear a los que mejor estén. Y si esto acarrea dejar en el banquillo o en la grada a uno de los considerados intocables, pues se le deja. No pasa nada. Zidane debe analizar por qué un equipo que empezó la temporada arrollador se ha venido abajo incomprensiblemente y se encuentra a dieciséis puntos del Barcelona.

En vez de ir a una guerra entre madridistas, habría que ir todos a una para ganar la Copa del Rey y la Copa de Europa, los dos títulos que le quedan al Madrid, aunque matemáticamente la Liga aún sea posible. Si el madridismo vuelve estar unido, todo será posible de aquí al final de temporada. Ir a la guerra es ir hacia la perdición.

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