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Opinión

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La fuerza del Cholismo


  • 30 de enero
    de 2018
  • Alberto Pérez

Se pone a prueba la resistencia de un concepto que ha liderado masas. Esta década el Cholismo ha revolucionado el fútbol, español y mundial, hasta el punto de ser analizado como una corriente de los pobres contra los ricos. Ya sé que el Atlético no es pobre, cada vez menos gracias precisamente al Cholismo, siempre según con quién se compare. Habrá 17 equipos del fútbol español que dirán, con toda la razón, que para sí querrían el potencial económico del Cholismo. Lo que ocurre es que esta década el movimiento rojiblanco no se ha peleado con ellos sino con la élite europea comandada por jeques, empresas líderes en sectores planetarios y clubes cuya fuerza económica, mediática y social pertenece a una burguesía futbolística que no suele admitir nuevos miembros. Entre todos ellos (Madrid, Barca, Bayern, PSG, Manchesters, Juventus, etc) se coló este equipo para jugar dos finales de Champions y ganar una Liga cuando no estaba en los planes. Todo bajo para el paraguas de un modo muy marcado de entender el fútbol, una especie de revolución del rebelde que quiere estar donde no le corresponde. Hay muy pocos que discuten ese mérito, pero por si acaso conviene recordar de dónde venimos para entender dónde estamos.

Es en este momento cuando esa fuerza incuestionable vive momentos de reflexión y de dudas. Aquel Cholismo que pasó año tras año ganando Europa League y sin bajarse nunca de los cuartos de Champions, hoy ya no está en la máxima competición continental y se ha caído en los cuartos de la Copa. Es el mes de enero menos ilusionante desde que el gurú del movimiento llegó para cambiar la historia de un club sumido en la mediocridad para devolverle su lugar y hacerle aún más ganador. El horizonte del aficionado rojiblanco se ha teñido de gris porque una afición que vive de la permanente ilusión de lo que está por venir se ha quedado sin pasión a corto plazo, o al menos lo parece. Cuando no estás acostumbrado cuesta más ubicarse y la gente del Atleti últimamente no sabe qué se hace cuando no estás entre los mejores.

Cabría profundizar en qué está pasando para saber qué va a pasar y así entender cuál es el calado actual del Cholismo entre su gente. Me viene a la mente alguna situación en años precedentes donde se pronóstico el fin de un modelo. Escuchaba, igual que ahora, la extrema tensión a la que se somete a los jugadores, el hartazgo de un estilo que desgasta y la misma cara pidiendo entrega en cada entrenamiento. Todas esas cosas, ciertas, no consiguieron liquidar una idea colectiva que integraba banquillo, jugadores y aficionados. Nadie pensó después de Lisboa que habría Milán y después de Milán que habría otras semifinales. Seguramente ahora se pensará, me consta que algunos lo creen, que este es uno de esos famosos ciclos que han dado ya todo lo que tenían.

Yo no lo tengo tan claro. En momentos emocionalmente delicados es cuando hace más falta mirar las cosas con perspectiva. El Cholismo ha sabido reinventarse ante situaciones de lo más variopintas y, lo que es más importante, tengo la sensación de que sigue teniendo el apoyo masivo de la urbe. Siendo algo muy difícil de medir, pienso que las críticas puntuales, coyunturales y emocionales lógicas que emanan de la frustración no cambian la fe del pueblo rojiblanco en su líder. En primer lugar se trataría de fijar las obligaciones del Cholismo. Como tercer presupuesto del país, ese es el lugar de exigencia en la competición doméstica. De momento lo cumple con un meritorio segundo puesto. Como tal, su lugar en la Copa deberían ser las semifinales y en la Champions la segunda fase. Ninguna de las dos últimas empresas se cumplieron y pensar que todo puede volver a su cauce no oculta que las cosas ocurren por algo. Hay una serie de razones detrás que obligan al Cholismo a tomar decisiones difíciles, pero necesarias.

Simeone ha repetido en numerosas ocasiones que apoya a los jugadores que le han dado la vida estos años. Se encuentra en la encrucijada más difícil para el líder de un grupo. Del Bosque o Zidane se han visto arrastrados por una corriente similar. ¿Cómo mirarle a la cara a uno de tus soldados y decirle que ya no le quieres en la batalla? Es entendible que el jugador no sea capaz de ver su final, pero al jefe de la manada le corresponde verlo, asumirlo y ejecutarlo. No hace mucho el Cholo puso nombres encima de la mesa a los que querría clonar, Godín y Gabi. Son solo dos ejemplos, y no los más paradigmáticos, de pretorianos que han dejado lo mejor de su lucha por el camino. Es la ley de selección natural. Nadie es eterno y, aunque sea duro, hacerles entender su nuevo rol no es ser desagradecido. No saber dejar el pasado en su sitio es poner palos en las ruedas al futuro. Quien permanece sin aceptar que su sitio ya no es la primera línea se convierte en un freno para seguir caminando. Tener en el banquillo a Juanfran es un trago pero el de Crevillente ha sabido entender su nuevo lugar, sin resignarse pero sin rebelarse. El caso que más lo ejemplifica es el de Fernando Torres. Solo escribir su nombre impone respeto. Estamos ante uno de los jugadores más importantes de la historia del club (y son más de 100 años) por lo que ha hecho dentro y especialmente por ser un representante modélico de los valores del club. El cariño y el amor que la gente del Atleti siente y va a sentir por Fernando Torres es eterno, lo que hace más difícil cualquier decisión. Su presencia en la plantilla condiciona. Si mandas a la grada a Torres una sola semana se genera un debate insoportable, sustentado principalmente por afectos no futbolísticos. Es justo decirle a los ojos de todos aquellos que adoran al Niño que, al menos así lo pienso yo, sigue teniendo fútbol pero en una cuota más reducida. Cabría recordar que no jugaba ni en el Chelsea ni en un Milan decadente y este Atlético pretende seguir peleando con las mejores plantillas de Europa. Si la gente que le rodea, y que tiene mucho peso informativo, acepta y entiende su nuevo rol puede seguir aportando cosas en el futuro del Cholismo. En caso de resultarle insuficiente la mejor solución puede ser encontrar otro destino que le de protagonismo en primera línea. Creo que este proyecto necesita un cambio, no en su filosofía sino en el protagonismo de los elementos que han de llevarla a cabo.

No olvido que esta ha sido una temporada atípica donde se ha arrancado sin posibilidad de fichar y de iniciar ese necesario cambio. Se ha caminado a tirones, con carencias, y esperando meses a que llegaran dos estrellas en forma de aire fresco. Empezar a competir en enero no es la mejor manera de hacer un grupo y eso ha lastrado un proyecto que, pese a estas limitaciones, se mantiene segundo en la Liga. Los proyectos desastre de este club, previos al Cholismo, estaban repletos de goleadas en contra, sonrojantes eliminaciones coperas, sextos, séptimos o peores puestos en el campeonato. Ahora las dudas llegan siendo el mejor de los mortales tras el Barça. Hay vida para el futuro del Cholismo si, aunque parezca contradictorio, los sentimientos que tanta fuerza le han dado quedan en un segundo plano. Se trata de revitalizar la energía de un modo de vida con sabia nueva y recuperando una manera de jugar donde la solidez se vea acompañada por la ambición. El Atlético no ganaba siempre 1-0. Su fuerza radicaba en elegir un modo de jugar según convenía. Ahora parece haberse refugiado únicamente en esa versión y tan en contra estoy del cacareo permanente del fútbol ofensivo como de la racanería por sistema. La versión camaleónica del Cholismo era más rica. El tiempo dirá si aún hay vida. Esto es cuestión de energías, decía él. Es el momento de medir la fuerza real del Cholismo.

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