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22 de octubre de 2018 22/10/18

Opinión

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La foto de Rafa


  • 12 de octubre
    de 2018
  • Ricardo Rosety

Puede ser que no la quiera, pero ya la tiene. Puede ser que esa fotografía no la hubiera deseado ver en las portadas de los periódicos. Puede ser. Pero también es posible que la sociedad sí necesite una fotografía de Rafa Nadal echando una mano como cualquier otra persona, como haría cualquiera, en un momento tan delicado como el que se vive en Sant Llorenç des Cardassar. Nadal ya es un ídolo por todo lo que hace en las canchas de tenis, gane o pierda. Esa imagen se ensalza aún más cuando atiende a los medios de comunicación porque le da una normalidad extraordinaria al deporte de élite.

El mundo del deporte construye ídolos con muy poco. Generan admiración y los queremos poner de ejemplo cuando hacen algo bueno y cuando no. Son muchos los deportistas que cuentan con departamentos pendientes de mejorar su imagen y controlar cualquier detalle de lo que se publica o lo que se dice sobre él. O que intentan gestionar entrevistas que mejoren su imagen de cara al exterior. Todo es loable en un mundo que construye un negocio en base a un juego como es el deporte de élite.

Quizá por eso la fotografía de Rafa Nadal sea tan importante. Ya le consideramos el mejor en la historia del deporte español, o al menos es el candidato de muchos para lucir esa etiqueta. Se lo ha ganado en la cancha, pero también fuera de ella. Nadal, que ya en la noche de la gran tormenta abrió las puertas de su Academia, pudo resolver el problema con un mensaje, una aportación económica o una petición de ayuda. Desconozco si también lo ha hecho o lo hará, y con esto no se le reclama que lo haga. Sin embargo, quiso estar presente. Fue al taller de un amigo a calzarse unas botas y a retirar barro como un vecino más: “El hecho es resaltable porque es Rafael Nadal, pero si lo hace cualquier otro es igual de resaltable”, dice su tío Toni. Pero él no es uno más. Es Rafa Nadal. Y si él se pone los guantes y coge un rastrillo, todos los demás vamos con él. Puede que él no quiera la fotografía, pero nosotros sí necesitamos vernos reconocidos en él. Nadal se olvida de quien es para ser un ejemplo sin pretenderlo. Y no lo ha dicho. Lo ha hecho. Por eso la foto vale tanto.

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