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13 de agosto de 2020 13/08/20

Opinión

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La escuela Víctor Valdés


  • 04 de abril
    de 2010
  • Luis Villarejo

Es el gran protagonista del nuevo libro de Luis Llopis, el entrenador de porteros del Athletic de Bilbao. ‘Implicación y relación del portero en el juego colectivo’. Con ese título, evidentemente Víctor Valdés es el arquero ideal para saber leer tácticamente al FC Barcelona. Joaquín Caparrós fue testigo la noche del sábado.

En un equipo que juega con la defensa adelantada, Víctor Valdés interpreta como nadie el papel de primer defensa. Valdés es el tipo ideal para asimilar el ‘concepto Guardiola’ del toque y que por tanto asume riesgo si se pierde algún balón en zona de alarma. Porteros los hay de todos los colores. Universales, imbatibles en el uno contra uno como Iker Casillas; valientes en el saque de puños como Reina; sobrios del perfil Diego López; espectaculares en el área pequeña y con futuro como Diego Alves; y chavales de nueva ola, con buena vista, de somatotipo casi perfecto –altura, peso, longitud de piernas y brazos-, de probeta vamos, como David de Gea.

A Santi Cañizares le gusta hablar de escuela española para definir una corriente que después de Iríbar, alcanzó la máxima nota en Miguel Ángel. Porteros muy seguros a la hora de blocar. Atrapar el balón siempre es el primer axioma de un portero de ‘escuela española’. Despejar es un recurso. No una prioridad. Y Cañizares siguió la estela de Miguel Ángel, de cuyos conocimientos, absorbió en su primera etapa en el Real Madrid. Siguiendo ese hilo conductor, uno se encuentra con el método del guardameta de Hospitalet.

Víctor Valdés siempre ha reconocido su gran admiración por Cañizares. Tiene gestos suyos, formas de andar incluso, con toalla incluida. Sin embargo, Valdés ha incrementado su potencial con su forma de entender el juego. Atento en los balones laterales, maneja el tiempo del partido con autoridad. Sabe cuándo el equipo le necesita en los balones cruzados y cuando el Barça está amenazado en minutos finales, nunca aparece Víctor amedrentado. Le gusta asumir liderazgo y sale con determinación.

Luis Llopis, ahora ayudante de Joaquín Caparrós en la preparación de los porteros en Lezama, pudo comprobar este sábado en primera persona en el Camp Nou el mando de Víctor Valdés en el gran partido que hizo el FC Barcelona con los chicos de La Masía. Más allá de los dos balones que sacó a Iturraspe en el segundo tiempo, el valor de Víctor Valdés se aprecia en sus salidas, en atemperar el peligro de la salida del balón de Yeste; en llegar al borde del área antes que Fernando Llorente.

Guardiola está encantado. Ha logrado acuñar el término Masía como vocablo que suple al término escuela. Así, uno entra en la web del Deportivo de la Coruña, por ejemplo, y se lee ya ‘La Masía del Depor’, cuando ilustra a los buenos futbolistas que se asoman a Riazor desde los campos de Abegondo.

Y de esa Masía, Víctor Valdés es uno de los chicos que más ha crecido. Desde que se marchó Zubizarreta nunca tuvo el Barça un portero de jerarquía. Víctor, siempre fue trabajador y ambicioso. Es el momento también de nombrar a Radomir Antic, el primero que se atrevió a darle confianza en su corta pero interesante etapa de entrenador en el FC Barcelona. Sin Antic, igual Guardiola ahora no tendría a Valdés. Luis Llopis, en los inicios de Valdés en el filial, acudía como técnico del Real Unión, a ver los entrenamientos de Frank Hoek, una referencia en el ‘mundillo’.

Luis Llopis insiste en su libro en la desaparición ya del portero que se entrena solo, aparte del grupo. El profesional de hoy en día ya no puede vivir de espaldas al equipo. Es un eslabón más del módulo táctico del equipo. Y en el FC Barcelona, Víctor Valdés no es un compartimento estanco. Su complicidad con Piqué, con Puyol, Dani Alves, Maxwell y Abidal es máxima. Su concentración, fundamental.

Tal es así, que su concurso el próximo sábado en el Bernabéu en el enésimo partido del siglo frente al Real Madrid, se antoja una vez más decisivo. Las bajas de los grandes futbolistas comienzan a inundar los grandes clubes de Europa. Cesc Fábregas, Rooney, Ibrahimovic, Piqué, Ashley Cole, Gallas… Llega la hora de la verdad y es el momento de sacar el fondo de armario y demostrar una vez más que las plantillas buenas generalmente salvan las lagunas que a veces dejan las lesiones de los cracks.

Dicen en las tertulias de los profesionales de élite, que Víctor Valdés ha podido alcanzar ya el nivel táctico de Van der Sar, aún con gasolina en el Manchester United. Lo que sí es evidente, es la buena salud de los porteros españoles. Los debates van y vienen como las modas. Ahora Valdés se encuentra en el escenario de si debe o no acudir al Mundial con la selección española. El periodismo puede opinar. Pero la última palabra, la única importante es la de Vicente del Bosque. Para eso le pagan. Para decidir. Cuando hay un problema en España habitualmente se convocan comisiones de trabajo. Menos comisiones y más decisiones es lo que hacen falta de verdad. Lo que decida Del Bosque, bien estará. Él y sólo él conoce de verdad, por dentro y por fuera, al grupo que nos debe guiar al éxito en el Mundial.

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