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22 de mayo de 2019 22/05/19

Opinión

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La deuda de un país con Carlos Sainz


  • 16 de enero
    de 2011
  • David Sánchez de Castro

“El Dakar es así”. Esta fue la conclusión con la que Carlos Sainz zanjó este domingo, en el telediario de TVE, la edición 2011 del rally más duro del mundo. El madrileño, a sus 49 años, ha finalizado este fin de semana, posiblemente, una de sus últimas pruebas a nivel profesional, con un tercer puesto que sabe a muy poco después de ganar siete etapas.

Pese a ello, este mismo sábado tuve que leer en twitter la siguiente frase, cuyo autor prefiero dejar en el anonimato para no someterle al escarnio público: “Carlos Sainz es un tipo sobrevalorado”. Evidentemente, no puedo estar de acuerdo con semejante memez, pero me parece un buen termómetro de lo que piensan muchos españoles.

Lo primero, para hablar de Carlos Sainz deberíamos tener en cuenta lo que ha supuesto para el deporte de este nuestro país. Cuando a principios de los 80 corría con el R5 Turbo abrió el camino que luego continuaron coetáneos suyos como ‘Chus’ Puras o Jordi Gené, o las siguientes generaciones con Dani Sordo o, cómo no, Fernando Alonso. En 1990 logró que en España se abrieran periódicos con “carreras de coches”; colocó en el mapa mediático a los rallies, aunque hoy en día estén de capa caída por la mala gestión de los encorbatados que mandan sobre el WRC (eso es otra historia…).

Aunque dos años después se proclamó bicampeón, con los colores del mítico Toyota Celica junto al inconfundible Luis Moya, las desgraciadas casualidades, la mala suerte y la aventura (errónea, en mi opinión) de Sainz en el entorno del Santiago Bernabéu como candidato a unas elecciones presidenciales junto a Juan Miguel Villar Mir, le convirtieron en poco menos que el bufón de España. No voy a ser chauvinista, ni caer en el victimismo español que parece instalado en la genética de la piel de toro, pero me hierve la sangre al pensar que Sainz ya se ha quedado en el imaginario español como Carlos “trata de arrancarlo, por Dios” Sainz.

La maldita avería en el RAC de Inglaterra de 1998 le va a perseguir toda su vida, para bien o para mal. El hombre, cuyo récord de victorias le ha arrebatado hace relativamente poco Sebastian Loeb, quedaría marcado por la rotura de su Corolla a poco menos de 500 metros de la meta, que le dio el título a Tommi Mäkinen. De poco sirve que Sainz no se rindiera, que pasara por Ford, Subaru y Citröen antes de irse a los raids a seguir haciendo lo que más le gusta y para lo que ha nacido: conducir y ganar. Sainz sigue siendo objeto de mofa y befa para los humoristas, (o lo que es peor: para periodistas, como se ve en el video que acompaña este texto) con más o menos gracia.

España le debe a Carlos Sainz mucho más de lo que le ha dado. No hablo de premios, más o menos justos, sino de reconocimiento. Hablo de que todos y cada uno de los que dicen que Sainz es “un tipo sobrevalorado”, o que “es un gafe” o que se dedican a burlarse de él, deberían saber que hablan del mejor piloto de la historia del automovilismo español.

Y por eso, yo le doy las gracias. Gracias por una vida dedicada al automovilismo, gracias Matador por todas y cada una de las veces que te has montado en un coche.

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