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18 de diciembre de 2018 18/12/18

Opinión

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La complicidad de la cantera


  • 24 de septiembre
    de 2009
  • Carlos Rodríguez Barceló

Si examinamos los grandes equipos de la historia a nivel de clubes advertimos una circunstancia común en todos ellos: un alto número de canteranos y/o futbolistas nacionales que han compartido selecciones en categorías inferiores. Apenas hay excepciones: el Ajax de Cruyff, el Bayern de Beckenbauer, el Benfica de Eusebio, el Liverpool de Keegan, el Dinamo de Kiev de Zavarov y Belanov, el Madrid de la Quinta o el Milan de Sacchi, y por supuesto, el Barça de Messi, Iniesta y Xavi. Quizás la excepción más notable de equipos que quedaron en nuestra retina sin apenas canteranos fuera el ‘Dream Team’ paradójicamente de Guardiola (incluso en este supuesto el único canterano titular entonces le dio un toque de identidad al equipo y fue pieza angular en la forma de jugar).

Encontrar generaciones espontáneas de canteranos es algo muy difícil. Observamos las categorias inferiores de los equipos más importantes y, entre los 10 y 15 años, apostamos que todos llegarán a jugar en la élite. Cuando alcanzan la adolescencia, el embudo se estrecha y el filtro de la profesionalidad es demasiado tupido y la llegada de los canteranos es como el goteo de un grifo estropeado.

Es cierto que, pese a esa dificultad, los clubes deberían trabajar las canteras con el proposito de abastecer a su primer equipo de jugadores perfectamente definidos y fichar de forma selectiva jugadores foráneos que complementen y equilibren las plantillas (experiencia, capacidad goleadora, calidad determinda o selectiva). No es suficiente formar futbolistas que puedan ser profesionales, sino que hay que formarlos para que puedan ser futbolistas profesionales en el equipo que les forma porque, de lograrlo, el club obtendrá un plus que no se puede comprar: la complicidad.

La incorporación de varios canteranos a un equipo, cuando logran superar el proceso de adaptación (¡paciencia, por favor!), proporciona al equipo un plus muy valioso. Tener un vestuario unido, en el que muchos jugadores han sido amigos desde niños, no tiene precio y genera ese clima desde el que se pueden obtener grandes logros: se transmite al campo la felicidad del grupo.

El Barça actualmente, gracias a la filosofía futbolística que implantó Cruyff a comienzos de los 90, elabora de forma continua jugadores con un patrón muy definido y absolutamente preparados para el primer equipo, que cada día mejoran más. Posiblemente la próxima decada el Barça se pueda suministrar de grandes futbolistas que le darán ese plus de complicidad y que tendrán la confianza de poder jugar como les han enseñado. En algunos casos ya han debutado, varios de ellos lo harán pronto, y otros dentro de unos años, pero apuesto a que escucharemos en las alineaciones del Barça a Gai Assulin, Thiago Alcantara, Muniesa, Fontás, Albert Dalmau, Oier Olazabal, Muhammed Demerci ‘Muha’, Jonathan Dos Santos, Jose Luis, Fran, Chanturia, Alexis Meva o Enguene por citar algunos a los que ya merece la pena seguir. Por cierto, los dos últimos son fruto del acuerdo del Barça con la Fundación Samuel Eto’o, que actualmente ha suministrado a las categorías inferiores más de quince futbolistas, todos ellos muy interesantes.

Los grandes clubes deberían tomar ejemplo, pero para eso primero han de definir su estilo de juego y a partir de ahí moldear a sus canteranos. El Barça lleva mucha ventaja… toda la que ha tirado el Madrid en la última decada.

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