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25 de marzo de 2019 25/03/19

Opinión

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Joan Plaza responde con hechos


  • 06 de enero
    de 2010
  • Daniel Blanco

No salió mal del Madrid, pero lo hizo triste, apagado, con una Liga y una Copa ULEB. Pero él sabía que hubiera continuado de no haber elecciones en el club. Por eso, su agria despedida en aquel tercer partido de Vitoria, en la semifinales de la temporada pasada. Joan Plaza había llevado al Madrid, con muchas bajas y con una plantilla corta, a competir en Euroliga y en Liga con los dos imperios que formaban el Tau y el Barcelona.

Muchos vieron en aquel último partido de Plaza en el Madrid la decadencia como entrenador del eterno segundo. Había ayudado a Aíto y a Maljkovic en cuatro años a la sombra y en 2006, Ramón Calderón le había otorgado la máxima responsabilidad de dirigir al cuadro madridista. El catalán no lo dudó y cogió el toro por los cuernos. No han sido malos años para el basket blanco.

Sin embargo ciertos sectores de la prensa vieron en Plaza un mero director de buenos jugadores, un hombre encargado de dar órdenes, un hombre que no triunfaría sin mimbres. Pero ahí está Plaza llevando al Cajasol a la sexta plaza de la ACB esta temporada y clasificado ya para la Copa del Rey.

Y eso que ha tenido muchos problemas en el equipo sevillano. No llegaban los fichajes de relumbrón y Clay Tucker se iba al Joventut. Para colmo, Asselin era dado de baja y Plaza nunca se enfadó. Ese don de buena gente que tiene Joan es muy valorado. Nunca alza la voz y, si la alza, es con sutileza, casi imperceptible. Como aquella vez que en plena rueda de prensa en Vistalegre tras la eliminación en Euroliga ante Olympiacos miró desafiante a los periodistas y dijo: “Se ve que llegar al cuarto partido de unos play-offs ante el mejor equipo de Europa, no es suficiente, pero el Madrid es esto. No hay más, no se puede llegar a más porque hay que recuperar poco a poco el nombre que el Madrid ha perdido en Europa”. Dicen por ahí que Florentino tenía decidido fichar a Messina pero le asaltaban dudas, quería ver más al grupo de Plaza. Esas palabras le bastaron para decidir que era necesario un cambio.

Era envidiado por algunos por escapar del técnico al uso. Escritor en sus ratos libres (ha publicado tres novelas) y un apasionado de la NBA y de los Celtics, era catalogado de bicho raro, pero en Sevilla están encantados con él. Joan tiene un reto ante sí de dimensiones extraordinarias, que es devolver la ilusión a la gente de baloncesto en Sevilla. Va camino de hacerlo y lo va hacer con su sabiduría porque estrellas no tiene, lo que tiene es un talento inigualable.

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