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25 de septiembre de 2018 25/09/18

Opinión

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Jaque mate


  • 04 de julio
    de 2018
  • Rubén Parra

La llegada de DeMarcus Cousins a los Warriors ha noqueado al universo NBA. La idea de verle en un mismo quinteto con Stephen Curry, Klay Thompson, Kevin Durant y Draymond Green, hace prácticamente irreal imaginar otro posible campeón en junio de 2019.

Los seguidores de la liga americana de baloncesto aún estaban frotándose los ojos con la llegada de Lebron James a los Lakers. El mejor jugador del mundo fichaba por el equipo con más glamour de la competición, para jugar allí los próximos 4 años, por 154 millones de dólares.

Habría escrito que los angelinos, fieles a su historia, volvieron a contratar a una megaestrella mayúscula, como ya hicieran en su día con Wilt Chamberlain, Kareem Abdul-Jabbar o Shaquille O’Neal, para volver al lugar de privilegio que les corresponde. Mas, triste de mí, no ha existido tiempo material, para dar rienda suelta a los ríos de tinta que el asunto merecía.

Poco más de 24 horas después de la noticia más esperada, todo, absolutamente todo, pasó a un segundo plano. ¿Cómo ha sido posible? Pues gracias al movimiento de los vigentes campeones. Y no es una cuestión que afecte solo a los Lakers; la llegada de DeMarcus Cousins a Golden State, arrasa con todos sus posibles rivales de la NBA. Es como si estuvieras recogiendo las piezas tras perder, para colocarlas de nuevo en el tablero de ajedrez y tu rival te gritara desde el otro lado de la mesa: no te molestes, jaque mate.

Para ser fieles a la verdad, mi afirmación parte de una mentira de base. El movimiento no lo hace el equipo campeón, lo hace el jugador. DeMarcus Cousins (entre 6 y 10 meses de baja por rotura en el tendón de Aquiles) es agente libre, pero no recibe ninguna llamada para hacerse con sus servicios y no puede con ello. Como cuenta Marc J. Spears en The Undefeated, aún en estado de shock, viendo cómo todas las estrellas de la liga van firmando nuevos contratos en cuestión de horas, sin que nadie contacte con él, DeMarcus telefonea a su agente y le dice: es hora de que nosotros hagamos el movimiento. Es mi movimiento de ajedrez. Voy a llamar a los Warriors para ver si me quieren, con un contrato de un año usando la excepción de nivel medio.

Dicho y hecho, llama a Bob Myers, manager general de Golden State y le pregunta si estarían interesados. Myers recibe la noticia encantado. Después, “Boggie” Cousins habla con Curry, Durant y Draymond Green. La respuesta de los tres no hace sino reafirmar su apuesta, todos le recibirán con los brazos abiertos. Poco más de una hora después, se hace oficial. Tras publicarse lo escrito por Spears, varios compañeros americanos han afirmado que también se ofreció a los Lakers, en esas mismas condiciones, pero que los angelinos dijeron que no. Algunos pensarán que es una locura, que cómo no gastar tan solo 5 millones por ese jugador, aunque sea para 4 meses. Supongo que porque los Lakers están construyendo y necesitan las piezas para octubre, no para enero. Es un lujo que los Warriors sí pueden permitirse.

Y así es como “el quinteto de la muerte” versión 18-19, se torna casi deportivamente injusto. ¿Quién va a ser capaz de destronarles? Un dueto exterior formado por los dos mejores tiradores de la liga, más el mejor anotador puro de la competición, más uno de los mejores defensores interiores (y director de juego desde la posición de cuatro), al que suman a uno de los 3 mejores pívots de los últimos seis o siete años. ¿Alguien cree que será posible que no ganen el tercer anillo seguido? Más aún, ¿ha existido un mejor quinteto que éste en toda la historia de la NBA? A ambas cuestiones, mi respuesta es no. Creo sinceramente que es malo para la competición. Tanto el sistema de salarios, como el del draft de la NBA, tienen su base en la idea de mantener una liga competitiva. Que no haya un todopoderoso. Los Warriors han mandado ese credo a freír espárragos. Ahora, la cuestión pasa a ser quién será el segundo. Primero en la final del oeste y después, en la lucha por el anillo.

Por mirar el lado positivo, esta situación solo durará un año. El próximo, será económicamente inviable llevarse a los cinco en la mudanza a San Francisco. Puestos a ser optimistas, tal vez DeMarcus, con su mala cabeza, es el único capaz de destruir los muros de la fortaleza que han levantado los de Oakland y darle vidilla al asunto. A lo infiltrado, desde dentro. Esto último es más una coña, ya sabéis, por incluir algo de intriga a lo Juego de Tronos en la narrativa. Lo escribo y no me lo creo ni yo. La ira de Cousins, por no recibir la atención que merecía, ha dejado a la NBA sin mucho margen de respuesta. Lo dicho: ¡Jaque mate!

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