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29 de enero de 2023 29/01/23

Opinión

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Japón tumbó a Luis Enrique


  • 09 de diciembre
    de 2022
  • Ricardo Rosety

Las caras de los jugadores entrando por el túnel de vestuarios del Education City eran las de un equipo derrotado. Lo lógico. España se iba del Mundial antes de lo previsto y ante una selección que, por mucho que se iguale el nivel en el deporte y en el fútbol actual, no entraba en los cálculos que pudiera eliminar al cuadro de Luis Enrique. El técnico llegó al Mundial para jugar 7 partidos, con un mensaje convincente y una estela esperanzadora en la Eurocopa y en la UEFA Nations League. Se fue en el cuarto, después de ganar un sólo encuentro y con la sensación de haber dado varios pasos atrás hasta dar la imagen del Mundial de Rusia. Luis Enrique estaba en el punto de partida y eso ha empezado a provocar el cambio.

Hasta ese partido ante Japón, España era la imagen de un equipo asentado en la idea del seleccionador, con un particular entendimiento de su cargo, pero con el crédito de los resultados en los momentos clave. Al fútbol se juega de muchos maneras, y cuanto más versátil sea el equipo, mucho mejor. Pero no nos olvidemos que a España no le ha fallado su estilo, lo que ha hecho es ejecutarlo muy mal. Las caras en el Khalifa tras perder ante Japón fueron mucho más duras. Por inesperadas, por el shock que supuso y por el enfado que provocó un terremoto de 10 minutos que ha dejado secuelas tan importantes como para irse de Doha un partido más tarde. Algo se rompió con Japón. Con el paso del tiempo saldrán más detalles, pero los gestos de esa noche catarí del 1 de diciembre dijeron mucho más de lo que pudimos leer entre líneas. España cae ante Marruecos, pero la estocada fatal la recibió ante el conjunto nipón. No daba tiempo a poner paños en la herida, ni calientes ni fríos.

Luis Enrique hizo de la selección un traje a su medida, y ahora se le vieron varios jirones importantes. Todas las convocatorias tienen sus críticas, sus ausencias notables… pero la crítica estaba en la citación de sus 26 soldados y en cómo los había dispuesto. Rodri es un descubrimiento como central que hay que aplaudirle al entrenador la herencia que deja, pero en Catar se encontró sin pieza de recambio a Busquets, porque Guillamón fue como central y nunca pareció ser alternativa para el puesto del capitán. A esta España huérfana de alternativa a Morata se le echó en falta algún rematador más. Por mucha polivalencia que les concedamos a estos futbolistas pareció un volantazo sobre la marcha para intentar corregir el rumbo. Y los volantazos, a la velocidad de un Mundial, nunca son buenos.

España se marchó de Catar sin aplausos, y con una sensación que mezcla fracaso y decepción. La energía de Luis Enrique no llegó al césped. Su mensaje estuvo encaminado a bajar las pulsaciones para evitar la sobreexcitación y hasta el resultado parecía lo de menos. Una selección plana a la que le pudieron los nervios y el miedo. Y ahí llegó la puntilla para el asturiano. Completó un cambio generacional imprescindible, pero ineficaz en el Mundial. En medio quedan los mensajes contradictorios del seleccionador, impecable en las explicaciones hasta el encuentro de Japón, pero visiblemente irascible en la rueda de prensa previa a los octavos de final. Sabía que algo se había roto. Marruecos lo constató, pero la eliminación llegó el día de Japón. Y también el cese de Luis Enrique.

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