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25 de junio de 2019 25/06/19

Opinión

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Iverson, competitividad o egoísmo


  • 06 de noviembre
    de 2009
  • Daniel Cana

A todos los aficionados y seguidores de la NBA nos sorprendió el anuncio el pasado mes de septiembre del fichaje de Allen Iverson por los Memphis Grizzlies. No parecía una buena idea. Ni para él ni para su nuevo equipo, inmerso en una permanente reconstrucción que no da frutos pero en la que al menos los nombres propios son jugadores jóvenes y de futuro. Además, si algo no necesitaban los Grizzlies era otro anotador con mucha necesidad de tiros y de balón: Gay, Mayo, Conley y desde este curso Zach Randolph ya eran demasiadas manos para ello.

Sin embargo, todas las dudas deportivas que surgen al realizar un mínimo análisis contrastaban con el entusiasmo del jugador. Desde su twitter, que se está convirtiendo en algo más que un divertimento para los jugadores, Iverson ha mostrado durante toda la pretemporada una gran ilusión por comenzar su nueva etapa. Repetidos comentarios de la mejoría en su estado físico (lesionado en preseason) y las ganas por debutar han sido los dos motivos fundamentales de sus comentarios en la red social. Para un jugador que fue nº1 del draft en 1996, rookie del año, MVP y participante en las Finales de 2001, varias veces All Star y sobre todo, un verdadero icono mediático para su ciudad de adopción deportiva, Philadelphia, y en general, para toda la juventud estadounidense durante años, no es poca cosa.

El dos de noviembre fue el día. Debut en la derrota de Memphis ante otro compañero de viaje por el fondo de la clasificación, los Sacramento Kings. 11 puntos y 1 asistencia en 18 minutos de juego pero…saliendo desde el banquillo. Las duras palabras de Iverson tras el partido denotan para empezar poca comunicación con su entrenador, Lionel Hollins: “Hay que ver mi historial y les mostrará que no soy un sexto hombre. No creo que esto pueda verse como egoísmo. No quiero cambiar lo que me dio todo el éxito que he logrado desde que estoy en la liga. Sólo se trata de quién soy”. Difícil de entender. ¿Acaso no lo sabía anticipadamente?

Es cierto que la temporada pasada, en su discreto paso por los Detroit Pistons (pocos partidos debido a una lesión, y poca influencia en el equipo), tampoco aceptó ese papel de sexto hombre. A estas alturas, a sus 34 años y con su mejor baloncesto seguramente ya mostrado, Iverson debe decidir si quiere pasar a la historia como un mero anotador (eso ya no se lo podrá quitar nadie, ahora mismo su porcentaje de más de 27 puntos por partido es el cuarto en la historia de la NBA sólo por detrás de Michael Jordan, Wilt Chamberlain y Lebron James) o por un gran jugador de baloncesto. Siempre fue un ganador, competitivo, líder, mejor jugador de lo que se cree mirando sólo sus lanzamientos. Capaz de llevar a una final y de ganar el primer partido en Los Ángeles a un equipo con Aaron McKie o Eric Snow jugaron muchos minutos.

Muchos grandes, pasada la treintena, han alargado sus carreras con minutos de calidad saliendo desde el banquillo y ayudando a sus equipos. Kevin McHale, Pippen, Schrempf, Chris Mullin, por no remontarnos a la época del mítico Red Auerbach en el banquillo de Boston, seguramente el creador de la figura del sexto hombre allá por los años 60. ¿Por qué no acabar así una gran carrera y obtener un reconocimiento merecido?

Actualización: en las horas previas al partido que debían jugar los Grizzlies en Los Ángeles, ante Clippers, en la pasada madrugada hora española, Allen Iverson, tras una charla mantenida con el dueño del equipo, Michael Heisley, abandonó la concentración y puso rumbo a Atlanta, donde residen su mujer y sus cinco hijos. El comunicado oficial del club sólo habla de “razones personales” y de tiempo “indefinido”. El entrenador Hollins no quiso realizar comentarios. Desde la previa a su debut, el jugador mantiene sin actualizar su twitter. Mutismo absoluto. Lamentablemente para todos, parece que Iverson ha elegido el egoísmo a la competitividad, salvo que algún problema familiar grave nos desmienta.

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