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1 de diciembre de 2022 1/12/22

Opinión

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La BBC, Isco, y la manta corta


  • 28 de enero
    de 2018
  • David de la Peña

El Real Madrid ha goleado a Deportivo de la Coruña y Valencia después de que Zidane decidiera que Cristiano Ronaldo y Gareth Bale tenían que ser los extremos de su 4-3-3. Primero con Mayoral como nueve, después con Karim Benzema, pero parece claro que el francés, en plena crisis de resultados, ha tomado la decisión de volver al que fue su plan de juego innegociable hasta que Bale, por culpa de las lesiones, salió de un once en el que se asentó Isco. 

En ambos partidos Casemiro se encontró con varias situaciones límite, resueltas gracias a su agresividad defensiva y su exuberancia física. No puede decirse que el equipo blanco controlase los duelos con solvencia, pero es indiscutible que esta estructura ofensiva le otorga alunas ventajas evidentes. Los más beneficiados son sus tríos en ambos perfiles; Marcelo, Kroos y Cristiano Ronaldo en el izquierdo, y Carvajal, Modric y Bale en el derecho.

En un momento en el que la cabeza falla, la táctica ayuda. Cuando Modric recibe la pelota en la derecha, o Kroos lo hace en la izquierda, este sistema les da líneas de pase cómodas -es más sencillo mandar el balón hacia fuera que hacia dentro- en dos alturas diferentes. El croata mira a derecha y ve a Carvajal en corto o a Bale a mayor altura, y el alemán lo hace a izquierda y le ocurre lo mismo con Marcelo y Cristiano Ronaldo. Además, la presencia de Benzema permite la posibilidad de un pase interior para progresar por dentro.

Carvajal y Marcelo agradecen los extremos. Los dos laterales blancos hicieron una temporada pasada absolutamente sobresaliente. Su volumen de acierto individual fue altísimo, pero a nivel de sistema, que haya o no extremos representa una diferencia. El 4-3-3 les da un apoyo cercano, les permite cortar por dentro o por fuera con la marca rival fijada por Bale o Cristiano y, en definitiva, les exige un punto menos de genialidad porque tienen una ayuda casi constante. El 1-3 de Marcelo en Mestalla y esa doble pared con Asensio es un buen ejemplo.

La diferencia entre Benzema e Isco. La mala temporada del francés podría hacer pensar que Isco puede ocupar el rol de falso nueve, manteniendo a Cristiano Ronaldo y Bale en bandas, donde reciben con más espacio en los ataques posicionales y por tanto están más integrados en el juego. Sin embargo, Benzema es delantero e Isco, centrocampista. El francés es el único perfil de la plantilla capaz de jugar de espaldas con soltura siendo el 9 del equipo. Las dudas sobre su rendimiento tienen fundamento -no sólo sus números, incluso se le ve menos fluido a nivel asociativo-, pero su perfil, tan particular dentro de la plantilla, permite a Bale y Cristiano recibir más y mejor el balón, y eso explica la insistencia de Zidane.

Isco, un sacrificio mayúsculo. La teoría de la manta corta tiene todo su peso en la figura del malagueño, que la temporada pasada alcanzó la categoría de crack mundial. Perder su genio en el plan ‘A’ debe doler demasiado a Zidane. Si entrase por Benzema la idea básica del sistema -que necesita un nueve- se caería, así que la alternativa es que vaya ocupando el rol de Kroos o Modric. Sin embargo, la naturaleza de Isco tampoco encaja con lo que se le pide a los interiores, que es una recepción más o menos fija en zona de laterales, y menos movimiento entre líneas por delante de balón. El andaluz es un «verso libre», e integrarle en este 4-3-3 es complicado.

La transición defensiva, otro problema. La diferencia entre el 4-3-3 y el 4-3-1-2 también es numérica a nivel defensivo. Con Isco en el campo, el Real Madrid cierra con cuatro centrocampistas cuando el rival tiene la pelota, ya que -y quedó claro al término de la temporada pasada- Kroos o Modric, dependiendo de donde acabase Isco la jugada, se desplazaban a una banda y el malagueño ocupaba la otra. A nivel de sacrificio, Isco tiene un nivel de implicación mucho más alto que Bale, pero además, una ventaja táctica: por movilidad, el malagueño tiene más sencillo defender que el galés, ya que suele pedir la pelota al pie y la pérdida le pilla cerca de los centrocampistas, mientras que el galés es mucho más agresivo y vertical y a veces la pérdida le pilla en la línea de fondo del equipo rival, por lo que le resulta mucho más complicado regresar.

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