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23 de febrero de 2018 23/02/18

Opinión

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La historia y los árbitros también juegan


  • 14 de febrero
    de 2018
  • Iñaki Cano

Me produce mucha tristeza que la mejor competición por equipos que existe en el mundo tenga en su plantilla a los jueces que reparten ¿justicia? en el terreno de juego. No puede ser que estén en el campo Cristiano Ronaldo, Messi, Neymar, Mbappe o Isco y que los ‘señores imparciales’ sean en su mayoría tan mediocres que además, a veces, consiguen ser más protagonistas que las verdaderas estrellas. Y por si fuera poco, en el siglo XXI, sin los avances de la tecnología que les cubrirían sus vergüenzas.

No es la primera temporada que los colegiados, con sus abultados -y espero que involuntarios- errores, deciden quiénes siguen o no en la competición, o quién gana la Champions League. En el Bernabéu el italiano Rocchi comenzó cometiendo el error más común entre los árbitros con la famosa ‘tarjeta horaria’, ya que de haber aplicado el reglamento no hubieran terminado todos el partido. Después, minutos y más minutos de un recital de fallos. Un penalti muy penaltito. Otro por mano no señalado y cientos de faltas que, dependiendo de quién la hiciera o a quién se las hicieran, las pitaba o no; y encima, regañando a los infractores o protestantes.

Si pudiéramos olvidarnos del arbitraje -los franceses no lo harán-, el partido terminó demostrando una vez más que al Real Madrid o le matas deportivamente o es él, el que te remata. Pese a ir perdiendo, los de Zidane supieron sufrir, superar el mareo parisino y secarse a tiempo del ‘baño’ que les estaban dando Neymar, Mbappé y compañía.

‘La Leyenda’ tardó en reaccionar al cambio de Emery, que dispuso a Alves de centrocampista, pero cuando se enteró y entraron Asensio y Lucas Vázquez todo cambió, para gloria blanca. El PSG había fallado demasiadas ocasiones en el templo de la Castellana y, como dijo Juanito, “90 minuti en el Bernabéu son molto longo”.

El Real Madrid lleva años, Ligas, Copas y Champions, demostrando que el escudo y la camiseta marcan goles, y cuando esas flojean hay una grada que ruge y, si es preciso, empuja el balón al fondo de las mallas. Cualquier equipo que no sepa lo anterior quedará herido casi de muerte. El PSG puede eliminar al Real Madrid en la vuelta, por qué no, pero la historia demuestra todo lo contrario y esa pesa mucho más que las estrellas de cualquier multimillonario, como aquél que dice, recién llegado al fútbol internacional.

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