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Ciclismo

Hushovd, la antítesis del milagro

Si en el pelotón del Tour hay un puñado de ciclistas cuyo prestigio esté fuera de toda duda y su palmarés pueda perfectamente hablar en su lugar, sin duda uno de ellos es Thor Hushovd. Maillot amarillo en esta misma edición, también en 2006. Ganador de nueve etapas incluyendo la de hoy, casi diez años […]


15 de julio de 2011 Daniel Cana - Sportyou

Si en el pelotón del Tour hay un puñado de ciclistas cuyo prestigio esté fuera de toda duda y su palmarés pueda perfectamente hablar en su lugar, sin duda uno de ellos es Thor Hushovd. Maillot amarillo en esta misma edición, también en 2006. Ganador de nueve etapas incluyendo la de hoy, casi diez años más tarde que la primera en 2002, al menos una cada edición desde la de 2006, espectacular la de Arenberg hace un año. Dos conquistas del verde de la regularidad. Durísimo competidor en la Paris-Roubaix. Campeón del Mundo de ruta vigente, tras conquistar Melbourne el pasado septiembre.

Bien, pues con todo ese bagaje, con esa brillante hoja de servicios, el humilde noruego decía en meta que «era su mejor victoria y el mejor día de su carrera». No me extraña. Un ataque en el Aubisque, a casi sesenta kilómetros de meta, puerto durisimo (además hoy por su versión más exigente) donde, por ejemplo, Rasmussen y Contador se atizaron de lo lindo en 2007, unas horas antes de que el danés fuera excluído por su propio equipo anticipándose a lo inevitable.

Sangre fría para regular en la subida, pese a perder la cabeza de carrera. Nueva vuelta de tuerca en el Soulor. Descenso impecable, combinando su corpulencia y peso con unas trazadas de academia, de arcén a arcén, limpiando cada cuneta, para ganarles la ventaja a los dos franceses que le antecedían. Primero a Moncoutié, que apenas podía seguir su rueda, ni bajando ni en el llano, y después a Jérémy Roy, inasequible a la derrota, fugado de nuevo y cada día más cerca de la victoria. Lástima de encontrarse con un enemigo tan poderoso como Hushovd.

Óscar Freire fue el último Campeón del Mundo en ganar en el Tour vestido de arcoíris, en 2002. No es por tanto nada sencillo. De hecho, en la siempre abundante liturgia ciclista, se había convertido casi en acto de fe, hoy que dormimos en Lourdes, el pregunto gafe que arrastraba, en la siguiente temporada, cualquiera que ganara el Mundial de ruta en otoño. La maldición del arcobaleno. Es cierto que Boonen, Ballan, el propio Freire tras Verona y sobre todo Cadel Evans parecieron confirmar la sospechosa teoría. Bettini lo ganó dos veces y se retiró al final del curso siguiente. Hoy Hushovd ha enterrado esa la leyenda luciendo ciclismo de calidad por los Altos Pirineos.

Mañana, ya sin Andreas Klöden, retirado con la espalda destrozada, casi incapaz de bajarse de la bicicleta sin ayuda exhibiendo la cara salvaje del ciclismo, Plateau de Beille. Sí, final de etapa en alto, lo único que interesa a algunos. Quizá puedan preguntarle a Johan Bruyneel si el Tour está empezando ahora y lo aburridos que son estos días.

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