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18 de junio de 2019 18/06/19

Opinión

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La historia la escriben los que ganan


  • 09 de marzo
    de 2017
  • Andy Stalman

Tras el 4 a cero en el Parque de los Príncipes contra el PSG solo se oía el silencio en el vestuario del Barça. Una mezcla de bronca, tristeza e incredulidad se apoderó del ambiente. El silencio era ensordecedor. Fue justo después de ello que Neymar compartió en instagram el mensaje: “1% de chances, 99% de fe”. Aquella noche sólo el 1% de los culés creía en la remontada. Luis Enrique y Neymar entre ellos.

Luego llegaron las goleadas al Sporting de Gijón, 6 a 1 y la monumental explosión de fútbol 100% Barça contra el Celta con un incontestable 5 a 0. Los dos resultados encajaban en los pensamientos de tantas noches sin dormir de Lucho. El terremoto de su renuncia tras el Sporting hizo que los focos cambiaran de objetivo por un rato. Mientras, el estudiaba una y otra vez lo sucedido en Paris. “Nunca he vuelto a ver tantas veces el video de un partido como el del partido de la ida contra el PSG” aseguraba el asturiano.

El pitido final del encuentro ante los gallegos, fue como un ensordecedor ruido que termino por apagar el silencio: remontada, si se puede, remontada. El estruendo recorrió a toda la afición culé, que aunque precavida, ya creía en que lo imposible en realidad era improbable, pero no imposible. “Si ellos nos hicieron 4 nosotros podemos hacerles 6” se envalentono Luis Enrique en la previa de la noche grande del partido de vuelta en el Camp Nou.

Y llego el miércoles de Champions. Más de 96.000 espectadores abarrotando el estadio de la ciudad condal aferrándose a un milagro, al convencimiento de su técnico, a la fe de Neymar. En el minuto 3 el Barça ya ganaba por un gol a cero con un extraño tanto de Luis Suárez. El depredador del área estaba diciendo aquí estoy. Y el runrún de las gradas fue in crescendo. El Barça dominaba con parsimonia, con paciencia, mientras el PSG presuntamente, creía que no había ninguna chance de que una hecatombe sucediera y los cuartos de final los esperaba. El 2-0 también fue un gol raro, en propia puerta. El guión se seguía a rajatabla. No encajar goles, llegar al descanso con un dos a cero a favor.

Si el fútbol es el arte de lo imposible, esta noche era la ideal para demostrarlo. Y se demostró. Los segundos cuarenta y cinco minutos, más cinco de prórroga, no podían haber hecho más por el fútbol que lo que hicieron. Ilusión, drama, desilusión, algarabía, todo y nada en un oscilante péndulo que entregaba la clasificación a un gris equipo francés y la alejaba de un voluntarioso pero errático Barça. Llego el penalti que ejecuto Messi (ya no solo no los falla, sino que lleva una eficacia envidiable) y el 3-0 acercaba a los locales al cielo. Pero un trallazo de Cavani puso un 3-1 que cayó como un témpano sobre el estadio.

Entró Arda por Iniesta, quien le entrego la cinta de capitán y Turán corrió hasta donde el ’10’ para ponerle el brazalete. Arda seria decisivo en los minutos finales. Luego ingresó Sergi Roberto, un cambio que fue comentado en la grada. El 3-1 ponía un océano de por medio del 6-1 deseado. Los ánimos decayeron, el aliento también, pero Neymar quiso rebelarse contra la historia, contra las estadísticas y contra los dioses del planeta fútbol. Corría el minuto 85 cuando Neymar colgó el balón del ángulo de la portería del PSG y como poseído corrió a por el balón. Solo él, quizás solo él, creía en ese momento que lo imposible en realidad era tan solo improbable. Y el Barça volcó el campo y todo parecía un monólogo con algunos peligrosos contra ataques del equipo francés. Y penal para el Barça. El ’11’ coge el balón y se para sobre el punto de penalti. Neymar y Messi ni cruzan miradas. El ’10’ camina cabizbajo hacia la medialuna del área. Silencio. Volvió el silencio que en segundos se rompió en gritos de júbilo cuando el tiro del brasileño beso la red. Era 5-1 a menos de cinco minutos para el final.

Rugía el Camp Nou. Las gargantas rojas, los ojos saltones, la gente de pie, todo menos silencio. Y fue casi llegando a la otra orilla cuando los franceses ya tenían su pasaje a cuartos, cuando el recién ingresado Sergi Roberto, empujo el esférico al gol. Y la locura se apodero del planeta fútbol. Carreras locas, abrazos que no terminaban, alaridos para dejar sin voz a las cuerdas vocales, puños apretados, banderas al viento, el silencio se había desterrado. Pitido final y el Barça a cuartos. Por primera vez en toda la historia de competiciones europeas, un equipo había remontado un 4 a 0. Nunca antes los dioses del fútbol habían permitido semejante sacrilegio. Pero el 1% de la fe de Neymar fue suficiente para romper los libros sagrados del balompié.

En un mundo en donde los postureos, los raros peinados nuevos, el marketing sin códigos y la polémica por encima de la esencia son la moneda corriente del fútbol, la noche de Champions fue un bálsamo para recomponer la magia de este maravilloso deporte donde juegan 11 contra 11 y en donde no hay nada seguro a pesar de las sagradas escrituras existentes. En Barcelona el fútbol se regalo, a si mismo, un nuevo lugar en la historia. Algunos lo llaman milagro, otros suerte, otros trabajo, otros fe. Este partido ocupará siempre un espacio en la historia en la que lo imposible quedó exiliado de su diccionario.

Gracias fútbol. Podremos decir estuvimos allí.

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