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10 de agosto de 2020 10/08/20

Opinión

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El gesto de Buffon


  • 04 de mayo
    de 2017
  • Ricardo Rosety

Una pelota se marcha por la línea de fondo porque a Lemar se le quedó pequeño el terreno de juego. Mateu Lahoz señala el saque de puerta y Buffon se gira hacia el árbitro que recorre la línea de fondo. Era Clos Gómez. A él se dirige, le dedica un aplauso de complicidad, el pulgar hacia arriba y un guiño con sonrisa para ratificar su decisión. No hacía falta porque no había ninguna duda de que la pelota se había ido fuera, pero el guardameta italiano no quiso dejar pasar la oportunidad de demostrar que todo lo tenía bajo control.

Tiene 39 años y está a tres pasos de un triplete que le pondría el broche a una carrera brillante. Saborea el Scudetto, espera la final de la Coppa de Italia y sueña con la Champions como ese trofeo que le hace soñar despierto. No quiere hablar de rivales pero regala elogios a la “competitividad” del Atlético de Madrid y a esa “estela luminosa” que tiene el Real Madrid en esta competición. Reconoce que es el trofeo que más le alegraría levantar en esta carrera a la que, por lo menos, le queda un año más del contrato que termina en 2018. Pero metido en faena y con un 0-2 en el marcador frente al Mónaco se vuelve muy prudente. No importa volver a mantener la portería a cero con dos manos espectaculares, porque los elogios son para Alves por su carácter e Higuaín por su lucha. Y para Allegri, por su planteamiento.

Buffon respira y transmite esa tranquilidad de quién controla la situación con mano diestra. Acude a las entrevistas con un porte humilde esperando el momento de responder para mandar un mensaje a sus aficionados. Saluda, atiende en español, responde en italiano y se despide con otro gesto cómplice con el público que le ve desde su casa. Como hizo con Mbappe en la foto de portada de L’Equipe. Atrapa el balón, le sonríe y le pone la mano en la cabeza como quien amansa a una fiera todavía adolescente. Gigi Buffon espera su momento, y ese está a punto de citarle en Cardiff con el Real Madrid, si un milagro Atlético no lo cambia. Alguno apelará a la justicia divina del fútbol para que levante el trofeo, aunque esa justicia sea más poética que real. Y nadie se lo va a regalar por más que nos conquiste con ese gesto cómplice con un balón de la Champions bajo el brazo.

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