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18 de julio de 2019 18/07/19

Opinión

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Gary Neville, los plasmas y los campos de tierra


  • 01 de abril
    de 2016
  • David de la Peña

Gary Neville, en su presentación con el Valencia

Cuando se anunció la llegada de Gary Neville al banquillo del Valencia, hubo numerosos personajes dentro del fútbol inglés que se pronunciaron acerca de la noticia. Van Gaal o Arsène Wenger fueron diplomáticos y le desearon “suerte” ante esta “gran oportunidad”, pero otros, como Jose Mourinho, fueron bastante más críticos con el ex del Manchester United.

El Neville ex futbolista se había convertido en un personaje realmente reputado entre aficionados y prensa del fútbol británico, gracias a su papel como analista de la Premier League en Sky Sports. La mala temporada del Chelsea hizo que en muchas ocasiones ofreciese une visión negativa sobre el conjunto londinense, a lo que Mourinho respondió con sarcasmo cuando Neville aterrizó en Mestalla: “Ahora no podrá parar el vídeo y volver hacia detrás para elegir los movimientos más acertados”.

El papel de analista futbolístico tiene esa comodidad: siempre se puede obtener una buena respuesta a posteriori. Se cree tener explicación a un cambio que parece equivocado -o que resultó equivocado- a pesar de que el entrenador que lo realiza tiene muchísima más información a su disposición. Un argumento al que se está acudiendo para explicar el fracaso de Gary Neville en el banquillo valencianista y su posterior destitución.

Sin embargo, hay que aludir a una cuestión mucho más básica: ¿qué sentido tenía que Neville, sin experiencia como entrenador y sin hablar español, ocupase uno de los banquillos más importantes de la liga española? Evidentemente hay detrás razones e intereses personales del propietario del club ché, que sin embargo han demostrado ser contraproducentes para sus objetivos de hacer crecer a la entidad y estabilizarla a nivel deportivo. Pero más allá de que Neville estuviese o no preparado, la pregunta es: ¿cómo pretendían que lo demostrase?

Es una buena oportunidad para reivindicar el trabajo de los entrenadores de la 2ª, la 2ªB, la 3ª y las categorías de fútbol base. El nivel en España es altísimo, pero la puerta está cerrada por culpa de decisiones absolutamente incoherentes de los clubes de élite. Técnicos que conocen los métodos, el idioma, y que tienen un trabajo diario mucho más valioso que el de trazar flechas sobre una enorme pantalla de plasma después de haber sido futbolista. En el fútbol ningún entrenador te puede garantizar el éxito, pero no dejar que a los que tienen callos en las manos y un pico al hombro les adelanten sin esfuerzo los que llegan con chófer en esmoquin y limusina, es una buena casilla donde dejar tus fichas. Mucha suerte a Pako Ayestarán.

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