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24 de octubre de 2019 24/10/19

Opinión

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Florentino nunca tiene la culpa


  • 30 de octubre
    de 2018
  • Iñaki Cano

Después de tantos años con Florentino Pérez en la presidencia del Real Madrid, pensé que lo había visto todo. Pues no. Lo de Julen Lopetegui ha superado todo lo anterior. Evidentemente, también valoro los títulos conquistados bajo su presidencia y también aplaudo los fichajes ‘galácticos’ que trajo al Real Madrid y que a los aficionados al fútbol nos dieron unos años de disfrute.

Pero a día de hoy me extrañan los silencios de muchos: jugadores, directivos, aficionados y periodistas que, por si vienen mal dadas, no hacen valoraciones públicas sobre las formas y el texto que despidió a Lopetegui cuatro meses después de ficharlo.

Dicen los que navegan a favor de corriente que no era el entrenador de Florentino Pérez. Es curioso que siempre que las cosas se tuercen en el Real Madrid los culpables sean otros. Para la gloria, Florentino; para el infierno, ‘Perico el de los palotes’ o ‘mi prima del pueblo’. Pues no. En el día después esperaba que las redes sociales se volcaran con el entrenador que dejaron abandonado. Al menos parece que le han llamado algunos, pero en público sólo Mariano le ha deseado suerte y le ha dado las gracias. ¡Qué triste!

Inocentemente, pensé que el presidente iba a presentarse ante los medios para explicar los dos errores que ha cometido. El primero fichando a Julen y el segundo, justificándose por el descomunal y vergonzoso tercer párrafo del comunicado oficial en el que se despedía al ‘inútil’ del entrenador por no sacar resultados positivos de un ‘plantillón’.

A Florentino Pérez quizás no le vendría mal algún que otro aviso por parte de una afición anestesiada, a la que los árboles de las Champions League conquistadas les están impidiendo ver un poblado bosque de errores que pueden volver a ocultarse en mayo o cuando el techo del Bernabéu tape definitivamente todo lo que el presidente y sus silenciosos socios de la junta directiva hacen rematadamente mal. Porque hay cosas que han hecho de maravilla, pero también fallos garrafales y con muy mala intención.

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