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21 de enero de 2020 21/01/20

Opinión

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Feliz jubilación, Rubinho


  • 22 de enero
    de 2012
  • David Sánchez de Castro

Esta semana se ha confirmado algo que se venía barruntando desde hace unos meses: Rubens Barrichello deja la Fórmula 1. No por placer, ni mucho menos, sino porque su tiempo ha pasado. El “jubilado”, como le llamó Briatore en 2009, ha sido bajado por un muchacho con un apellido que soporta todo el peso de la historia de este deporte. Bruno Senna, al que insistentemente se le compara equivocadamente con su siempre añorado tío Ayrton, será el compañero de Pastor Maldonado, formando una de las parejas más jóvenes de la parrilla y, lamentablemente, una de las que menos se puede esperar.

Este ha sido el cierre de una etapa que comenzó allá por 1993, cuando los sonidos de los motores turbo no se habían apagado del todo aún, y los jefes del cotarro seguían siendo los pilotos y no tanto los ingenieros. Bajo el reinado de Nigel Mansell, Alain Prost y su añorado y admirado Ayrton Senna, un jovencísimo Rubinho comenzaba a los mandos de un Jordan. Yo era un niño de apenas nueve años y los coches empezaban a picar mi curiosidad, un veneno que se me metió en las venas el 1 de mayo de 1994, como a tantos otros de mi generación, de un fuerte golpe recibido en el Tamburello de Imola.

Llegaron los años con Stewart, y me acabó de caer bien. Era de esos pilotos que, de vez en cuando, se colaban en un podio cuando los Villeneuve, Hakkinen y Schumacher dejaban un poco de pastel al resto. Barrichello era uno de esos que te cogías en el mítico videojuego ‘Grand Prix’ de Microprose, no porque ganara, sino porque me caía simpático. Su fichaje por Ferrari le relegó al puesto de segundo de ‘Schumi’. Bajo el mandato del káiser, a Rubinho le tocó tragarse incontables sapos, como el del Gran Premio de Austria 2002 en el que le ordenaron -bajo amenaza de despido- que dejara ganar a Michael.

Los años comenzaron a pesarle justo cuando Fernando Alonso comenzaba a brillar con luz propia en la Fórmula 1. Después del maravilloso 2004 que protagonizó la Scuderia y de sufrir el 2005 más gris, se marchó a Honda, donde pululó por la zona media baja de la tabla. Ya no era aquel niño que miraba con una adoración casi religiosa a Ayrton Senna cuando este le fue a ver al hospital tras accidentarse el viernes del maldito Gran Premio de San Marino de 1994, sino todo un hombre con dos hijos a los que veía poco. Y cada vez pesaba más.

La creación del increíble y volátil Brawn GP en 2009 le acercó más que nunca a un título mundial que ya nunca podría alcanzar, antes de marcharse a Williams. En la otrora gloriosa escudería, esa en la que militaron hombres como Alan Jones, Keké Rosberg, Nigel Mansell, Alain Prost, Damon Hill, Nelson Piquet o Ayrton Senna, ha colgado el casco Barrichello, tras protagonizar dos temporadas de claro debacle y que ha supuesto una rúbrica un poco triste para su historia.

Barrichello se ha quedado compuesto y sin equipo. Lo que no consiguieron las cacicadas de Jean Todt en Ferrari, ni los que se reían de él por su edad, lo ha provocado el cada vez más voraz mercado de fichajes de la Fórmula 1. Se marcha la eterna sonrisa del paddock, el que se paraba a saludar a todos los que le miraban… Y uno de los pocos que nunca causó una queja, ni en sus compañeros ni en sus rivales. Ha colgado el casco el piloto con más Grandes Premios a sus espaldas, 323, y 19 temporadas ininterrumpidas a sus espaldas.

No era un crack, nunca estuvo en las quinielas para ser campeón, pero qué queréis que os diga: me cae bien. Parabens, Rubinho!

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