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20 de febrero de 2019 20/02/19

Opinión

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Falcao levanta un poco la voz


  • 13 de septiembre
    de 2012
  • José Miguélez

Aprovechando un rato de silencio de su padre, o de sueño, Falcao ha puesto el grito en el cielo. A su manera educada y religiosa, casi resignada, ha denunciado el agravio que dirige el fútbol. No se mira a todos por igual. No desde luego a la hora de reconocer méritos y conceder los galardones individuales. Tampoco a la hora de repartir entre los equipos el dinero y la atención, como ya protestan desde hace tiempo los presidentes, pero desde luego nunca a la hora de valorar la dimensión de un futbolista. Casi en forma de murmullo, sin intención de molestar, a Falcao se le ha escuchado la queja. Cree tener derecho a aspirar al Balón de Oro, pero sabe que su procedencia no sólo se lo complica sino que prácticamente se lo prohíbe.

Falcao habla de la nacionalidad, del lastre de ser colombiano, pero en realidad eso pesa menos que el equipo en el que milita. La discriminación se centra más en que jugaba en el Oporto y juega en el At. Madrid, no en el Real Madrid o en el Barcelona. El fútbol ha reducido el centro del universo a los dos. Cuando ceda al cambio de camiseta, como reivindica su padre, le mirarán mejor. Hoy lo dice Capello, que tampoco es de un gusto futbolístico a tener demasiado en cuenta: “Sólo un jugador me ha impresionado tanto como Messi: es Radamel Falcao, hoy seguramente el número uno”. Pero da igual. Para el Balón de Oro sólo computan jugadores del Madrid o el Barça. Las cosas de la mercadotecnia.

Del desenlace del ‘Balón de Europa’, el premio UEFA al mejor jugador del año, que al fin reconoció el mérito de un futbolista español (ahí sí la nacionalidad históricamente ha pesado más que el escudo, casi ha estado perseguida), sólo se supo el desencanto que se llevó Cristiano. Nadie ni por asomo pensó que Falcao podría haberse sentido acreedor al cetro, nadie repasó sus méritos para agarrarlo. Posiblemente porque tampoco esté muy claro exctamente, como en el Príncipe de Asturias, qué es lo que se premia. No fue un buen curso en competición europea el de Messi y Cristiano, pero ahí estaban en el podio. Uno contento por el premio de su compañero, otro triste por su incomprendida derrota personal. Pero no estaba Drogba, el hombre que había decidido la final de la Liga de Campeones, ni Falcao, el hombre del gol, el héroe de muchas plazas, pero sobre todo la de Bucarest, el autor de dos golazos en la final ante el Athletic. Como poco tenían motivos para hacerse ilusiones.

En unas cuantas semanas, el Balón de Oro, que tampoco se sabe con exactitud lo que premia, coronorá a un nuevo futbolista. Falcao ha añadido a su currículum su triplete realizador en la final de la Supercopa, la admiración de medio planeta, pero no estará entre los candidatos de verdad al galardón. Cuando menos es discutible su aspiración. Tiene derecho a sentirse maltratado. Pero luego es Cristiano el que se queja de apoyos. Normal que luego don Radamel García King se levante de la siesta y pida otra camiseta. La pescadilla se muerde la cola.

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