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7 de julio de 2022 7/07/22

Ciclismo

Evans de principio a fin

La línea de llegada del Muro de Bretaña, en la cuarta etapa del Tour, nos dejó una imagen que hoy, vista en perspectiva, resulta paradigmática de lo que ha sido esta edición de la madre de todas las carreras. Cadel Evans, agarrado a las manetas de la bicicleta, con gesto de esfuerzo, pese a ser […]


23 de julio de 2011 Daniel Cana - Sportyou

La línea de llegada del Muro de Bretaña, en la cuarta etapa del Tour, nos dejó una imagen que hoy, vista en perspectiva, resulta paradigmática de lo que ha sido esta edición de la madre de todas las carreras. Cadel Evans, agarrado a las manetas de la bicicleta, con gesto de esfuerzo, pese a ser finalmente el ganador. Alberto Contador, levantando durante un par de segundos el brazo derecho, sintiéndose erronéamente vencedor.

Así ha pasado el Tour Evans. Callado, concentrado, lejos de la primera línea mediática, sin participar del circo que a veces propone la caravana pero analizando con frialdad todo lo que ocurría mientras el cronómetro estaba encendido. Aquel día en la cuesta bretona respondió a los ataques en el momento oportuno, y ganó. Colaboró con Contador en la subida al col de Manse camino de Gap para distanciar a los Schleck. Realizó en solitario, cara a cara contra Andy, la primera subida al Galibier, restándole dos de los cuatro minutos que el hermano pequeño había acumulado en el Izoard y quedándose así en distancia para asaltar el maillot amarillo tras contener Alpe D`Huez.

Evans ha dado la cara, en primera persona, en todas las circunstancias en que la situación de carrera lo ha requerido. Su equipo, con menos pedigrí que otros pero con un rendimiento más que satisfactorio, liderado por el eterno Hincapie (octavo Tour para diecesiséis, sí, dieciséis, participaciones), Burghardt y Morabito, le protegiò cuando fue necesario, comenzando sin ir más lejos por una avería a veinte kilómetros de la meta de Bretaña; le reintegraron al grupo sorteando los coches y ganó.

En Grenoble, con algunos ciclistas llegando justos a la salida de la contrarreloj por un atasco descomunal no previsto por la organización, quienes deseaban una emoción similar a la de LeMond y Fignon en 1989 se quedaron con las ganas, los progresos de Andy no han sido suficientes. Bastaba fijarse en cómo trazaban las curvas uno y otro para saber que, aún sin lluvia, no había nada que hacer. Mientras Tony Martin casi emulaba el tiempo que le dio la victoria en Dauphiné, la ventaja fue reducida en menos de la mitad del recorrido, y ni el peso del maillot amarillo, obtenido además en Alpe D`Huez como manda la tradición, pudo ayudar al menor de los Schleck para escapar, por tercer año consecutivo, del segundo puesto en el cajón.

Evans culmina una magnífica trayectoria ciclista con un merecido triunfo, que acompañará a varias clásicas y a su Mundial en ruta. Tiene 34 años, quizá era su última oportunidad. En el podio, emocionado, abrazaba incluso al león de peluche. Quién sabe cuándo será la próxima ocasión en la que Alberto Contador no esté en el podio de Paris. Los que volverán a subir, varias veces más, son dos hermanos de Luxemburgo, que poseen piernas, motor, ego y talento para ganar el Tour. Tienen tiempo. Solo les faltará el de las contrarreloj. Eso lo aprendieron definitivamente hoy.

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