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24 de junio de 2019 24/06/19

Opinión

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Españoles en Japón


  • 13 de marzo
    de 2011
  • Luis Villarejo

Miguel Rodrigo es el seleccionador de Japón de fútbol sala. Ha vivido horas de angustia en Tokio con los movimientos sísmicos que han puesto patas arriba un país modélico, ordenado y con un alto nivel de vida, que de repente vio cómo un arreón de la naturaleza puso contra las cuerdas a una nación vanguardista.

Conocí a Miguel Rodrigo una noche de verano en Radio Marca. Tras una deliciosa tertulia con Miguel Angel Méndez y Alfredo Duro, tuvimos otra hora más de regalo de Miguel, que nos habló con pasión sobre la sociología que rodeaba al deportista japonés. Una experiencia apasionante. Porque a Miguel Rodrigo se le notaba que ama su profesión. Y a todos los que viven 24 horas su oficio hay que escucharles con calma.

Por eso, el pasado viernes por la noche cuando me contestó un email desde Tokio y me relató en directo cómo una réplica de un terremoto zarandeaba el edificio de 41 pisos donde él reside, no pude menos que alegrarme por una parte por verle ya al lado de su familia y, por otra, ponerme en su lugar e imaginar la odisea que había vivido durante toda la jornada.

Miguel Rodrigo trabaja en la Federación Japonesa de fútbol, la misma en la que Alberto Zaccheroni diseña la revolución de una selección, que acaba de ganar la Copa de Asia con una generación de futbolistas excelentes, todo ellos emergentes, que comienzan a asomarse además a las grandes Ligas europeas.

Su gran revelación es Shinji Kagawa. Juega en el Borussia Dortmund, el club de moda de la Bundesliga. Un futbolista maravilloso. Con llegada, mediapunta. Zaccheroni lo compara con Alessandro del Piero. Habla mucho con él. Le ha convencido, como a Del Piero, para que intente partir desde el lado izquierdo, en lugar de situarse más estático por detrás de los dos puntas. Y Kagawa lo asume. Cuando escucha que a Del Piero también le dijeron lo mismo, al japonés le sube la moral. Es sin duda Kagawa una de las grandes sensanciones del fútbo nipón.

Junto a Keisuke Honda (CSKA Moscú), conocido por su alto nivel exhibido ya en el pasado Mundial de Sudáfrica, aparecen tipos como Yuto Nagatomo, un defensa interesante recién fichado por el Inter de Milán.

Japón es puro consumo. Todo japonés por ejemplo tiene al menos en su casa un producto de Louis Vuitton. Un bolso, una maleta, una billetera… Algo de la marca emblemática que lidera Bernard Arnault y su imperio LVMH. Me lo contaba hace poco María Eugenia Girón, autora del exitoso libro ‘Los secretos del lujo’, que incidía en que las grandes marcas tienen un denominador común: en su momento fueron empresas innovadoras, que revolucionaron el mercado con un producto. El éxito no les llegó por casualidad. A finales el siglo XIX, la empresa francesa inventó un baúl plano, apilable e impermeable en su exterior. De esa forma, se podía transportar en esos barcos impresionantes, tipo Titanic, que cruzaban el Atlántico. Igual le ocurrió a Louis Cartier, que inventó para su amigo, el aviador brasileño Santos-Dumont un reloj con correa de cuero concebido especialmente para llevarlo en la muñeca. Hasta entonces no se llevaba el reloj rodeando la mano.

Japón es un país que intenta rodearse de los mejores. En su momento, Javier Lozano asesoró a la Federación, que le pidió incluso consejos para diseñar pabellones. Y confió en Miguel Rodrigo, quien después de su etapa en Cajasegovia, optó por una aventura que nunca podrá olvidar.

El mundo deportivo del futbolista japonés cuenta con una intrahistoria peculiar. Llevan su cultura del respeto y la educación hasta el final. No saltan a la pista a calentar sin el permiso del técnico. Y Miguel Rodrigo, desde que llegó, ha instaurado un nuevo escenario táctico, que a medio plazo seguro comenzará a dar resultados. Miguel insiste en que sus jugadores asuman responsabilidad y aprendan a elegir la mejor opción en la pista.

No es el primer tecnico español que agradó en Japón. Xabier Azkagorta dejó su legado en la campaña 97/98. Hizo debutar en el Yokohama Marinos a Nakamura, jugador franquicia de Japón durante muchos años. Azkagorta, en su etapa de Yokohama, se dio cuenta de que al futbolista japonés, cuando estaba en grupo, le costaba hablar en público. Era un asunto de educación. Ellos están acostumbrados a la conversación directa. Mano a mano.

Desde que Zico triunfó en el Kashima Antlers, del 91 al 94, Japón ha contratado a brasileños. Pero muchos de ellos, han declinado a última hora, por miedo a los terremotos. Japón es un país fundamental para el desarrollo de la marca de los grandes clubes españoles. Del Real Madrid y del FC Barcelona. Hay hinchas de los dos grandes por todo el país. En este mundo universal, igual es de importante el aficionado de Tokio que el de Madrid.

Ayer hubo minuto de silencio en el estadio Bernabéu. Buen detalle de un campeonato como la Liga BBVA, que hoy volverá a recordar a Japón, un país que también ama el fútbol. Y que, como Miguel Rodrigo, el seleccionador español de Japón, merece nuestro homenaje en estos días convulsos. Un grande en Japón.

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