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21 de noviembre de 2017 21/11/17

Opinión

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Ese algo llamado polimpismo


  • 03 de octubre
    de 2009
  • Antonio Toca

El apoyo a Río de Janeiro ha sido amplio. Y por qué no, pensarán algunos. Durante estos últimos días, incluida la hora final de espera en la que creíamos que el milagro era posible, soñábamos con la utopía de un triunfo. Sin embargo, la realidad en forma de decepción ha encontrado su sitio. Ganó el polimpismo, esa mezcla entre política y diplomacia que con el gancho del deporte inexistente en esa jubilación a cuerpo de rey que es este organismo, determina quién organiza unos Juegos Olímpicos. Son las reglas de la trastienda de esa empresa llamado CIO (COI en español), que se aprovecha de incautos como la delegación de Madrid 2016 para darle sentido al paripé que hoy hemos visto.

Duele pensar que en el fondo somos tontos, que habría que haber dejado de hacer el tolili hace mucho tiempo, y no habernos quemado en una misión que teníamos perdida desde hacía dos años, cuando Río de Janeiro pasó el primer corte para convertirse en ciudad candidata y dejó su destino en manos de quienes saben qué hay que hacer para convertirse en ciudad organizadora de unos Juegos Olímpicos.

Pensaba que el polimpismo no estaba tan incrustado en la mente de los Coitos, aquellos que viviendo a cuerpo de rey determinan qué ciudad es buena o no para organizar algo tan importante. Si en teoría es el deporte lo que justifica la calidad del evento, es la ceremonia inaugural la que determina hasta donde llega la organización y el país. La elección de Río se basa en la fuerza de algo cuyo mérito no le corresponde: que Sudamérica no haya organizado aún unos Juegos Olímpicos. Y esa injusticia debería determinarse de otra manera. ¿Por qué no lo han hecho antes? Se me ocurren varios apuntes, sustentado sobre uno principal: no tenían el poder -y dudo que a día de hoy lo tengan- para cumplir con el importante compromiso que les ha caído en las manos. Como con Londres 2012, se ha premiado algo virtual, sobre la base de las mismas personas que consiguieron en la trastienda de Singapur que la capital inglesa resultase ganadora frente a una candidata mejor en todos los sentidos, Madrid, y otra con la que el CIO tiene una deuda histórica, París.

Jacque Rogge consiguió engañar a Gallardón, pero no a París, para presentarse para 2016, con la palabra de que no existía la regla no escrita de la rotación de continentes, para tener en la manga una candidatura fuerte y segura (ya que sabía que París, bastante escarmentada, no caería en la trampa). Sólo faltaba que Lula estuviera inmenso en su trabajo, y un mapa demoledor, para apelar al sentimiento de los miembros del CIO e indicarles que la única opción válida para salvar una injusticia universal era votar a su ciudad. Poco más necesitó, pese a la pregunta trampa de Alberto de Mónaco. El trabajo del polimpismo ya estaba hecho cuando Río fue premiada en esos informes de los que sólo se leen los resúmenes. Daba igual la valía de las propuestas, había una injusticia y había que cerrarla. ¿Cómo íbamos a desilusionar a Lula?

A eso se ha debido, al olvido de una región, y no es reprochable, pero demuestra el rasero con el que se mueve esta organización, que nadie se atreve a criticar de verdad, sólo con doble sentido y con ironía, a lo que se han agarrado los votantes para tumbar a Madrid. Hablarán de la rotación de continentes, pero si así fuese Madrid no tendría que haber llegado a la final. Era necesario algo más fuerte: la injusticia y el olvido reparable. También ha pesado el poco peso de España a nivel internacional, empezando por el presidente Zapatero, y el no haber hecho uso de Samaranch y el Rey cuando su presencia era necesaria. En la trastienda del polimpismo fue donde trabajó con inteligencia Río. Ahí estuvo su verdadero valor.

De esas cosas son de las que debemos aprender. Se dice que el trabajo acumulado en estos ocho años no debe caer en saco roto. Se debe aprovechar el tirón de cara a 2020. El palo es gordo, porque no se premia al mejor candidato. Los caprichosos designios de un organismo con el que no merece perder la pena más tiempo. Solo Sydney demostró ser la mejor en su momento y obtuvo su premio en las 6 últimas elecciones que habría que mirar con lupa para saber el porqué de su resultado. ¿Madrid 2020? París es un enemigo demasiado poderoso, y el polimpismo tiene una deuda importante con ella. Luego vendrá la rotación de continentes, y el hecho de que África sea ahora la única olvidada en el reparto equitativo de sedes. Por mucho que queramos negar la mayor, nuestro año podría ser el 2028. ¿Alguien empieza a atar cabos y a entender el movimiento de Jacque Rogge quemando la candidatura de Madrid para el 2020? Sí, tiene a París en mente. Y de paso se garantiza dos de las tres sedes de los próximos Juegos Olímpicos. Así es como se las gasta el polimpismo. El grupo de personas que se lo llevan crudo a costa de unos candidatos crédulos que sueñan con alcanzar la gloria.

Me dice un amigo que Barcelona se tuvo que presentar cuatro veces. No consuela, pese a que a Madrid aún le queda un comodín… Aunque eso no justifica la cara de tonto que a uno se le queda. Enhorabuena, Río, pero el premio, a igualdad de condiciones, y ellos lo saben, no es justo. Sólo falta que alguien tenga las narices de decirlo: ni Olimpiadas, ni Juegos Olímpicos, esto es polimpismo… Aunque bien pensado, ellos se lo pierden.

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