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20 de julio de 2019 20/07/19

Opinión

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Entre tanta guerra… Cruyff


  • 17 de noviembre
    de 2010
  • Manolo Oliveros

Buena parte de la mañana del martes la he ocupado en acudir a la presentación del libro de mi admirado Edwin Winkels, “Escuchando a CRUYFF”, su vida y su fúbol en 150 frases. Y me ha divertido la exposición en la presentación del libro a cargo del “maestro” Sergi Pamies sobre la personalidad de Johan Cruyff al que, según Pamies, habría quien le colgaría y quemaría en la hoguera en medio de la plaza de Catalunya, y otros le darían su riñón en plena calle Muntaner, sin pedir nada a cambio, ni siquiera pasarle un cargo a su Fundación.

Ha sido un momento de la mañana en que te sientas en la sala del Colegio de Periodistas y solo dejas llevar tu mente a lo que Pamies y Winkels te cuentan, magistralmente preparado. Pamies parece que improvisa, pero, como aconsejan algunas técnicas, tiene todo absolutamente preparado y escrito en fichas que va pasando sin notarse y ojeando como si mirara a la mesa. Ha sido una lección de forma y de fondo.

Y en el fondo estaba ese Cruyff peculiar que es capaz de dar una solución a los monumentales atascos que se forman en las autopistas holandesas. Después de que hayan pasado cinco ministros de transporte sin encontrar una solución, Cruyff, que nunca se equivoca y si se equivoca es porque hay un motivo. dio con la solución. Si la velocidad límite en las autopistas en Holanda es de 100 km/h, si la ponemos a 130 se desatascará antes. ¿Lógico, no? A veces, sin embargo, me pregunto cuánto tiene de Cruyff Charly Rexach, o cuánto tiene de Charly Johan Cruyff. Tal para cual.

Cuando llegó Neeskens al Barça incorporaron al centrocampista holandés a su mesa de cuatro en las comidas de las concentraciones, porque Johan II no bebía vino. Así había más parte para los otros tres, Cruyff, Rexach y creo que Marcial. A veces, también, hay frases que las firmaría el mismísimo Poli Rincón: “Si tú tienes el balón no lo tiene el contrario”. He pasado un buen rato, en medio de tanta tirantez y tantas guerras dialécticas. Gracias Winkels, al que, recuerden, Van Gaal le espetó: “Tú eres muy malo”. Gracias Sergi, un maestro.

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