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17 de agosto de 2018 17/08/18

Tenis

Entre disparos y bandas, 56 Grand Slams

“Como una fiera en la pista. Alguien muy fuerte. Como una gran competidora que lo daba todo”. Así quiere ser recordada Serena Jameka Williams Price cuando cuelgue la raqueta. Una fiera curtida en la selva de Compton, la ciudad más peligrosa de Estados Unidos, donde las bandas callejeras campan a su libre albedrío. Bloods, Crips, […]


5 de junio de 2015 TENNISTOPIC - Sportyou



“Como una fiera en la pista. Alguien muy fuerte. Como una gran competidora que lo daba todo”. Así quiere ser recordada Serena Jameka Williams Price cuando cuelgue la raqueta. Una fiera curtida en la selva de Compton, la ciudad más peligrosa de Estados Unidos, donde las bandas callejeras campan a su libre albedrío. Bloods, Crips, hispanos y dos niñas que pelotean tarde y noche. Venus y Serena. Raquetas que sustituyen a armas de fuego, cordajes que resuenan entre disparos y 56 títulos del Grand Slam forjándose. “Da igual que seas rico o no, da igual quién seas, puedes vivir una tragedia como me pasó a mí con la muerte de mi hermana. Pero siempre puedes llegar a lo más alto. Y no importa lo que te pase, siempre hay esperanza”…

El 14 de septiembre de 2003 perdía la vida Yetunde, la mayor de la saga Williams, por culpa de un disparo en la cabeza que tenía a su novio como objetivo. Pero siempre puedes llegar a lo más alto… Desde que Serena ganó su primer título, con apenas 4 años y medio, no ha dejado de triunfar. Al principio, compartiendo la gloria con su hermana Venus. Hoy, con 34 coronas del Grand Slam entre individuales, dobles femeninos y dobles mixtos. Los cuatro grandes en solitario y en compañía de su hermana, ambos cuartetos en sendas ocasiones. Sin olvidarnos de otras cuatro medallas de oro olímpicas y un título de Copa Federación, competición en la que nunca ha perdido (13-0).

Un palmarés minimizado por sus continuas lesiones, sobre todo en la rodilla, y sus extrañas ausencias. En forma, casi invencible. “Si Serena quiere jugar, te gana”. Pocas veces se ha asumido con tanta naturalidad en el circuito una frase tan pesimista. “Es un gran piropo de mis compañeras y me hace sentir genial. De verdad siento que si estoy jugando bien, si para nada quiero perder, es muy difícil ganarme”. ¿Y el mejor entrenamiento? “Madrid es el mejor sitio para bailar toda la noche. Cuando estuve de vacaciones conocí un par de sitios abiertos hasta las 5.00 y no paré de bailar. Así es como entreno”.

Y entre torneo y torneo, múltiples proyectos, como su línea de ropa diseñada por ella misma (Aneres, su nombre al revés) o sus proyectos benéficos con niños (dos escuelas en Kenya) y con familias que perdieron a padres o hijos trágicamente (“Mi hermana murió por culpa de la violencia y quiero hacer mi proyecto lo más grande posible y ayudar a la máxima gente que pueda”). Siempre con la compañía de un pequeño corazón tatuado en su nuca y de su fe, convencida Testigo de Jehová y habituada a citar la Biblia en twitter.

Pero sobre todo con un objetivo grabado a fuego desde aquellas peligrosas noches en Compton: triunfar en el tenis. ¿Hasta cuándo? “¿Cuántos Grand Slams? Siempre he querido empatar con mis años, por lo menos”. Como casi siempre, Serena va ganando. De momento, 33 cumpleaños celebrados y 34 trofeos alzados. Y el sábado, ante Lucie Safarova, luchará por el trigésimo quinto. Si lo consigue, volverá a mirar al cielo y a acordarse de Yetunde. “No importa lo que te pase, siempre hay esperanza”.

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