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20 de octubre de 2019 20/10/19

Opinión

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En la espiral de despropósitos


  • 27 de junio
    de 2015
  • Iñigo Marín



Parece mentira la rapidez con la que pueden cambiar las cosas. Hace solo dos años, la Real Sociedad terminaba la Liga en cuarta posición, contaba con el mejor equipo de la última década y soñaba con escuchar la melodía de la Champions en Anoeta. Desde ese momento, por una cosa o por otra, los “txuri urdin” han entrado en una espiral de despropósitos que les ha alejado de la zona noble de la tabla y ha borrado del mapa la ilusión de su afición.

Lo último es que, lejos de presentar algún refuerzo, la Real puede perder al portero que tanto le costó incorporar el verano pasado. Y es que Gero Rulli tiene muchos boletos para terminar en el Valencia pese a que Loren, director deportivo, afirmó sin ruborizarse sobre la continuidad del portero: “Ha firmado y podemos dar por hecho que seguirá con nosotros”. Lo cierto es que ni firmó ni podemos dar por hecho que vaya a seguir, ya que el Valencia no piensa dar su brazo a torcer ante la necesidad de fichar a un portero y ante la oportunidad que se le ha presentado con el arquero argentino.

Se podrá culpar al fondo que posee sus derechos por tratar de sacar el máximo partido o al propio Rulli, por romper su palabra si finalmente hace las maletas. No obstante, en Zubieta se habló y mucho, de la necesidad de atarle cuanto antes con una firma de verdad, en un contrato de verdad, algo que por esto o aquello, no se hizo a tiempo. Ahora, la Real puede quedarse compuesta y sin portero a unos días para el inicio del nuevo curso.

La llegada del argentino, como su posible salida, también rozó el surrealismo, pues Rulli se iba a incorporar a la disciplina realista en el stage de Holanda pero el asunto se demoró más de diez días por cuestiones que no se llegaron a aclarar. Cierto es que el fondo de inversión que maneja los hilos del guardameta no ha puesto más que trabas, pero eso no es excusa para no haber cerrado la continuidad de un digno sucesor de Claudio Bravo.

Es una lástima porque las confusiones empiezan ya son habituales. Montanier llevó al equipo a la Champions y diversos malentendidos, como si el cuarto puesto se considera Champions a la hora de pagar o cobrar las primas, hicieron que se fuera por la puerta de atrás y con el cartel de pesetero. Nada que ver con la realidad, claro. Otro ejemplo fue la letra pequeña del contrato del fichaje de Carlos Vela que no existía hasta que el mexicano comenzó a hincharse a marcar goles. Lo ya comentado de Rulli en Amsterdam, que fue de traca. El anuncio del fichaje de Moyes, a las 12 de la noche, pillando por sorpresa al propio técnico. Del no fichaje de Nabil en el tiempo de descuento del mercado invernal tampoco hace falta recordar mucho.

La marcha de Rulli pondría la guinda a un cúmulo de despropósitos que, además de alejar al equipo donostiarra de la zona noble de la clasificación, han elevado el listón de los mismos hasta un nivel aparentemente insuperable. Pero tiempo al tiempo.

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