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29 de marzo de 2020 29/03/20

Opinión

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Empeños


  • 04 de diciembre
    de 2012
  • Iñaki Cano Martínez

La firmeza en las decisiones tiende a transformarse en obcecación si no existe cierta capacidad de autocrítica. El admitir el error es un proceso indigesto para el ser humano. Un combinado extremadamente peligroso si se le suma el ego, el postureo y una supuesta certeza de superioridad moral e intelectual. O lo que es lo mismo: “Tranquilos que ya arreglo esto que para eso estoy aquí (sin saber cómo)”

D’Antoni decidió mantener a Howard cuando los Magic practicaban el “Hack a Dwight”. Una fórmula que desactivaba el intento de remontada de los Lakers. La firmeza de una decisión se transforma en obcecación. Falta a D-12.Error en el lanzamiento. Canasta de Orlando. Falta a D-12… Durante un minuto y medio, ir así. D’Antoni no reaccionaba. No cambiaba. La remontada de esfumaba como cuando el humo se enfrenta al viento. El técnico negaba con la cabeza como diciendo “¿por qué?”. ¿Cómo no había podido ganar el partido?, se preguntaba. Empeño en el error. O firmeza en la decisión. Es lo mismo cuando el resultado es negativo.

Pero la culpa no es suya porque el que siga un poco la NBA, sabe perfectamente que D’Antoni es muy de ese tipo de decisiones, de no ajustar correctamente en los momentos tensos. Sólo con Nash a su lado ha obtenido ciertos resultados (nunca un anillo). Quien fichó a D’Antoni es la matriz del espectáculo que son los Lakers. Jim Buss o su empeño de no admitir un error. La firmeza en no devolver a su lugar a Phil Jackson. La obcecación en no admitir que Jackson era el adecuado.

Y los Lakers viven en un estado de empeño oscuro que origina una espiral de malas sensaciones. Steve Nash se va a encontrar un vestuario caliente. Un clima viciado que no admitirá ni un error. No se lo van a permitir. La tolerancia del canadiense ante los arrebatos egocéntricos de algunos y la mejora en general de la dinámica serán los puntos cardinales en su aportación. El empeño de Nash será positivo porque es una de las pocas balas que le quedan para tener su anillo. D’Antoni le espera porque sin él no es nada.

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