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23 de agosto de 2019 23/08/19

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Emotivo homenaje del Bernabéu a Raúl

Tres años después de su salida, Raúl recibió el homenaje de la afición del Real Madrid. Fue una noche cargada de fuertes emociones para el mirlo blanco del Santiago Bernabéu. Fue su fiesta. Su mejor regalo. Y la disfrutó como un juvenil desde que se adentró en las tripas de la que ha sido su […]


23 de agosto de 2013 - Sportyou

Tres años después de su salida, Raúl recibió el homenaje de la afición del Real Madrid. Fue una noche cargada de fuertes emociones para el mirlo blanco del Santiago Bernabéu. Fue su fiesta. Su mejor regalo. Y la disfrutó como un juvenil desde que se adentró en las tripas de la que ha sido su casa durante dieciséis años. Lo que pasó en las tripas del estadio queda para su intimidad pero sí pudimos ver todo lo que sucedió sobre el césped.

Raúl salió como siempre. El primero. Como un líder que sigue siendo. Embutido en la casaca de guerra del Real Madrid porque iba a jugar el primer tiempo con su ex equipo y con el siete a la espalda porque se lo cedió Cristiano. Con su número talismán. Con el sello de identidad que le sirvió por un tiempo para ser reconocido como el siete de España.

Estaba disfrutando como un juvenil. La risa floja durante un calentamiento atípico y en plena complicidad con sus compañeros desnudó su nerviosismo, alimentado por las numerosas muestras de afecto desde la grada. Pancartas a granel bajo el denominador común del elogio. La comunión era total. El peor momento para él fue posiblemente uno de los más felices de la noche. Ocurrió en la antesala del partido cuando tuvo que subir al palco de honor para recibir una réplica de La Cibeles. Allí apareció el nudo en la garganta. Estaba Metzelder, Felix Magath, personas vitales para que recalase en el Schalke, Su Majestar el Rey, con quien mantuvo una conversación más que protocolaria, el presidente del Real Madrid, su mujer y sus hijos… Demasiada gratitud que provocaron las lágrimas del jugador. Raúl, el hombre duro, perdía la batalla de la emoción.

Luego bajo al césped, donde estaban los dieciséis títulos que ganó con el Madrid, íker Casillas le cedió el brazalete de capitán. Más emociones y el corazón al borde del infarto. Raúl ya no podía pedir más. Pero había más. La dosis de adrenalina más potente faltaba por llegar. Y lo hizo en el minuto veintidos cuando marcó el primer gol del partido ante el que es hoy su equipo. Golazo. Y la misma parafernalia. Carrera sin control hacia la grada, beso al anillo y se señaló el dorsal con ambos pulgares. El ritual del máximo goleador del Madrid.

Por entonces, el pack ya estaba completo. Raúl ya tenía su homenaje. Luego disputó la segunda parte con su equipo, el Al-Sadd, pero la fiesta había terminado. Lo de menos fue el resultado final. El cinco a cero a favor del Madrid es una simple anécdota con lo que se vivió sobre el césped con Raúl como protagonista.

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