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20 de agosto de 2019 20/08/19

Opinión

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El sonrojante premio al engaño de Cesc


  • 05 de octubre
    de 2012
  • José Miguélez

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Busquets jugará el clásico. Su pisotón criminal (descripción aceptada para el lance desde que Ujfalusi lo cometió contra Messi) a Cicinho lo dejó el colegiado en una amarilla y así sigue. Cesc también jugará. Su engaño en el combate con Medel no le penaliza. Competición estudió el caso, concluyó que “exagera en efecto las consecuencias del forcejeo, aparentando haber recibido un cabezazo violento que no es tal”, pero qué más da, sigan, sigan. Hay cuestiones, como las trampas, que siguen estando bien vistas en el fútbol, coreadas y ensalzadas por algunos analistas. Incluso, a la vista está, protegidas por quienes deben vigilar que no aparezcan. Cubiertas reglamentación en mano.

En cambio, la víctima de la mentira, el futbolista que fue expulsado por una agresión que no fue tal, conserva su castigo. Competición admitió que “no existe una agresión en sentido estricto, sino un forcejeo entre jugadores rivales, juntando sus respectivas cabezas, y sin que
culmine el lance con una acción realmente violenta”, que “existe un error material manifiesto en la apreciación de los hechos” pero le sancionó con dos partidos por comportamiento violento. Y Apelación decidió conservar ayer la pena al entender que Medel “dirigió un cabezazo a su oponente, lo que podría haberse considerado una agresión en grado de tentativa”.

Los nuevos componentes de los organismos sancionadores del fútbol llegaban con aires de cortar por lo sano con la suciedad en el fútbol, anunciaron una tolerancia cero que se había empezado a notar y agradecer. Pero ya se han puesto bajo sospecha. No basta con ponerse duros. Sobre todo deben ponerse coherentes y justos. Y en el caso de Cesc y Medel, admitiéndolo incluso por escrito ellos mismos en abierta confesión, no lo han sido. Los tramposos siguen ganando.

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