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25 de septiembre de 2021 25/09/21

Opinión

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El psicólogo de Messi


  • 29 de diciembre
    de 2020
  • Ricardo Rosety

Cuando Griezmann habló con Jorge Valdano, muchos le colocaron a un conversador nato, y muy bueno por cierto, la etiqueta de psicólogo. Leo Messi habló hace 11 días con Jordi Évole durante más de una hora que vimos anoche en La Sexta con una pregunta y el ansia de una respuesta que nunca debería dar. Si se va, no puede o debe decirlo en una entrevista, sino directamente a un Presidente que se le espera a partir del 24 de enero. Sin esa duda despejada, parece que lo que tenía que decir Leo Messi perdía interés. Y no fue así. Al menos para mí.

Ha dicho Jordi Évole durante la semana que le había quedado claro “el amor de Messi al FC Barcelona”. Lo que ha quedado en evidencia es que sabe lo que necesita el club y el equipo mejor que cualquiera de los candidatos, o per-candidatos, a la Presidencia de la entidad. No sólo ha dicho que le gustaría ser Director Deportivo en un futuro, y en el Barcelona, sino que apunta las líneas maestras como si ya pensara sentado en ese sillón.

Habla con claridad de la necesidad de jugadores importantes, pero también de la falta de recursos para pagar “sus traspasos o sus fichas”. Puede criticar la venta de Luis Suárez, pero no entiende que se haya ido con una factura pagada por el Barcelona. Lo dice él, que también sabe el dinero que tiene porque está pendiente de todos los proyectos que llevan su firma. No es un detalle baladí en un futbolista que no quiere dejar nada a la decisión de terceros.

Cada uno interpretará la entrevista de muchas maneras, le sacará brillo a cada gesto o a cada sonrisa. Es evidente que la textualidad sólo nos conduce a esperar a junio, pero hablar de “volver”, de lo que le costó entrar otra vez en el vestuario o de “enviar de nuevo el Burofax” no hacen más que pensar que Messi está de camino a algún sitio. Todas las razones que dio en su momento para irse no parece que hayan cambiado o vayan a cambiar. No es menos cierto que todo lo que no fuera ser tajante ya es una veta de esperanza para el aficionado culé, y al que se quieren agarrar los precandidatos, aunque alguno lo haga con la boca pequeña.

El que vimos ayer fue un Leo Messi que quería hablar, y eso no pasa siempre. Bueno, o el de hace 11 días. Y que no tuvo reparos en referirse a la muerte, o de su necesidad de ir al psicólogo. Reconoce que lo necesita, que se lo pide su mujer, y que nunca ha sabido porque no ha recurrido a algo tan habitual para un argentino. Probablemente porque ante un psicólogo hay que hablar, y él reconoce un caparazón en el que se ha hecho fuerte para protegerse de eso. De hablar. De expresarse con palabras. Évole se lo recomendó con naturalidad, como cualquiera hace para ayudar a alguien que lo necesita.

Para un futbolista rodeado de asesores y de profesionales que lo cuidan, al tiempo que recibe una carga de responsabilidad muy alta. Yo tampoco he ido nunca, y quizás también lo necesite. Pero el día en que nos pusimos delante de la televisión para ver si Leo Messi le decía a Jordi Évole si se quiere ir o no del Barcelona, descubrimos que lo que quiere Leo Messi es ir al psicólogo como cualquier otro ciudadano. Puede que todo esto sea más normal de lo que parece.

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