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21 de mayo de 2018 21/05/18

Opinión

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El partido de Griezmann


  • 17 de mayo
    de 2018
  • Ricardo Rosety

Mâcon está a 60 kilómetros de Lyon. Allí nació y creció Antoine Griezmann. Todos los focos estaban puestos en él. Por su rol en el equipo, por su regreso a Francia y por su situación personal. Es un sí pero no. Tiene contrato, pero se reconoce que tiene que tomar una decisión. No tiene por qué irse, pero el título de la Europa League puede ayudarle a quedarse. Todo muy evidente y a la vez inquietante por saber si Griezmann se va al Barça a acompañar a Messi o se queda a ser la Estrella de este Atlético. Pero ni toda esa presión pudo con la mentalidad de un futbolista que tenía todos los detalles del partido en su cabeza.

Con todos esos ingredientes, Antoine se puso la rojiblanca con el 7, saltó al césped del Parc de Lyon y demostró que ha nacido para jugar partidos como el de ayer. Ya es un futbolista de finales, de partidos exigentes, de asumir la responsabilidad el día que hay que ganar un título. Lo demostró hablando en el campo, con su actitud y su talento. Hasta que le llegó el momento. Encaró a Mandanda como quien asume con naturalidad su rol de estrella. Ser futbolista para esto. Tanto tiempo para llegar a esta situación, y no falló. Incluso lo repitió, en versión mejorada, en la segunda parte. Dos goles y una final encarrilada. El foco puesto en Griezmann y él respondió.

El delantero del Atlético se ha ganado un puesto en la mesa entre los mejores jugadores del mundo. Se puede ser bueno un día, pero la diferencia está en ser bueno todos los días. Y, sobre todo, en los partidos especiales. Griezmann tenía tan metido el partido en la cabeza que hablaba con Costa sobre los movimientos de desmarque en la segunda parte, o con Gabi sobre la llegada del equipo al área. Hasta que llegó el 0-3. Se abrazó con Diego Costa y se alejó del foco de la piña con el capitán. Se acercó a la banda, le susurró algo a Germán Burgos y éste llamó a Torres. El Olimpique no había puesto la pelota en juego cuando Griezmann veía su número en la tablilla del cambio y devolvía los aplausos al público. Se abrazó a Fernando Torres, y El Niño entró en el campo para disfrutar de unos pocos minutos del que puede ser el trofeo más valorado por él. En pleno festejo y con la final ganada, Griezmann quiso dejarle su sitio a Torres. La pura demostración del poder de un vestuario y de la mentalización de un futbolista en un día tan marcado en el calendario. Lo tenía todo en su mente. Fue, sin duda, el partido de la vida de Antoine. Mucho más que un “Man of the match”.

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