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8 de diciembre de 2019 8/12/19

Opinión

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El otro Nadal


  • 07 de febrero
    de 2009
  • Antonio Toca

El título de la entrada. aunque hace referencia al jugador, no habla de él. Sí de lo que representa o de lo que ha supuesto su figura durante el pasado fin de semana deportivo. La idea viene con retraso, pero la leyenda del deporte es universal y no tiene periodo de tiempo determinado. El espectáculo ejemplar de emoción, ambición y dramatismo que nos brindaron deportes como el tenis, el balonmano y el fútbol americano, merecen un buen repaso, con Nadal en la sombra.

El otro podría ser Fernando Verdasco. En 1988, el sueco Mats Wilander venía de tener un año fantástico. Recién estrenado el número 1 de la ATP, y tras ganar el mismo año Open Australia, Roland Garros y Open USA, con partidos para el recuerdo, se presentó en la Alemania de Boris Becker para disputar la final de la Copa Davis. En el partido que debía abrir la final le esperaba Karl Uwe Steeb, un jugador de ranking bajo con ganas de dar la sorpresa. Nadie daba un duro por el alemán; Wilander pasaba por un momento dulce, y se auguraba una eliminatoria dura para los alemanes, que confíaban en ganar si Becker sacaba sus partidos y el doble. Para sorpresa de los presentes, el partido llegó a un quinto set en el que un cansado Wilander no pudo hacerse con el partido. Karl Uwe Steeb subió a los altares, y encarriló una eliminatoria que se resolvió por la vía rápida. Lo que no sabía Wilander era que ése iba a ser el inicio de su ocaso, y que a partir de esa derrota, no volvería a ser el mismo. La Davis creó en el alemán el otro Nadal, héroe efímero, que no consolidó su momento de gloria. ¿Al final qué se ganó? Un gran comentarista deportivo en televisión, como es ahora el sueco.

Fernado Verdasco tiene una historia parecida a la del alemán Steeb. Tenía todo en contra en la pasada final de la Davis en Argentina, y echó el resto frente a un público apasionado para sacar el triunfo. Los que le conocen, dicen que ese día, se transformó en Nadal, y descubrió que la gloria le gustaba. Que quería ser como Nadal. La mentalidad la ganó en ese maratoniano partido en Argentina. Faltaba la confianza y la creencia de poder hacer lo que su tenis guardaba para convertirse en el otro Nadal. Lo primero se lo inculcó en Las Vegas, mientras estaba entrenando, una conversación con Andre Agassi, en una lectura de cartilla, cargada de elogios, que sólo ellos dos conocen, y que sólo alguien al que admiras, y una leyenda viva, se puede permitir el lujo de hacer. Lo segundo, el convertirse en un creyente de sus posibilidades, lo encontró en Australia, en una semifinal en la que exigió al auténtico Nadal echar el resto y darlo todo hasta vaciarse. El tie-break del cuarto set ha sido la única vez, más allá del mes mágico de Nabaldian hace dos años en Madrid y París, que a Rafa se le ha visto pedir clemencia. Verdasco se convirtió en Nadal, y durante unos minutos el candidato le movió la silla al campeón. Hasta que el sueño terminó, y dobló la rodilla ante el favorito, en un quinto set, que el Nadal de verdad, conquistó a base de trabajo y saber estar. El otro, Verdasco, no pudo con la tensión del alto voltaje de un partido de los grandes momentos.

Un sorteo favorable y un país entregado, pese a los problemas físicos de Balic, permitieron a Croacia jugar la final de su mundial de balonmano frente a la favorita Francia. Durante el primer tiempo se convirtieron en el otro Nadal, aguantando el tirón de los Omeyer, Karabatic y compañía. Un país y los aficionados que seguían el partido por televisión, intuyeron que era posible que hubiese partido. De nuevo el candidato, tratando de mover la silla al campeón. Pero como le pasó a Verdasco, los croatas no pudieron aguantar el ritmo de una soberbia defensa francesa, que únicamente les permitió marcar siete goles en 30 minutos, en una segunda parte antología y de manual, que les hizo rendirse a la evidencia: el mundial tenía claro ganador desde el paseo de los JJ.OO. de Pekín. De nuevo, el original ganó al doble. Francia marcó la distancia con una generación que marcará una época, como la Yugoslavia de los años 80 y la URSS de finales de los 80 y principios de los 90, la Suecia de los 90 y la Croacia de finales de los 90 y principios de este siglo. Estos últimos han estirado a su generación mágica hasta su Mundial, pero consiguieron que los jóvenes se unieran al espíritu de Nadal que los veteranos les habían inculcado… ¿El problema? Que el otro Nadal, tiene su límite cuando enfrente está el verdadero Nadal.

Algunos pensaban que el milagro de la Superbowl, para un equipo que desde el principio de la temporada no contaba en los pronósticos, era posible. Los Arizona Cardinals, agarrados a la experiencia de Kurt Warner y el estado de forma de Larry Fitzgerald, obraban el milagro a falta de dos minutos y medio. Con el talento de sus dos estrellas, su mejor juego y ataque habían logrado erosionar la defensa de los Steelers, y dejar a su equipo en manos de su defensa para ganar el partido. Eran otro Nadal luchando por su momento de gloria. En 2:30 minutos, Roethlisberger y Holmes lo impidieron. De nuevo, pero de manera diferente, Warner se quedó a las puertas del éxito. Ahora sobraron 6 segundos. Esta vez un touchdown sorprendente tuvo la culpa. Otro candidato con la miel en los labios. El Nadal favorito se alzó con la victoria, aunque esta vez, el otro, a punto estuvo de alcanzar la gloria de ese jugador alemán que en 1988 dio la sorpresa ganando al número 1.

Como era de esperar la historia del otro Nadal termina en Rafa y en la final del Open de Australia. El esfuerzo y la solidez mental de Federer aguantaron cuatro sets. En tramos de la tercera manga, Federer dispuso de bastantes opciones para romper el saque del español, pero no las supo concretar. Se estaba convirtiendo en el otro Nadal. Sin embargo, no pudo mantener el ritmo y la fortaleza del Nadal real, pudo con todo un campeón. El efecto de la derrota se pudo percibir en las lágrimas y la desolación de Roger en la entrega de trofeos. Él era el otro que había doblado también la rodilla. Ni el consuelo del derrotado y el interés del campeón sirvieron. No obstante se obró el milagro: el propio Nadal se convirtió en su otro yo, el doble, que en la victoria, entendió y pensó en el derrotado y en su desconsuelo.

El otro Nadal no habla sólo de competición. Sitúa a los campeones en el punto de mira de los que quieren ser leyendas del deporte. Un chaval de 22 años ha empezado a caminar. Para terminar siendo Nadal y su otro yo. Ahí debe estar el plus. La diferencia que muestra a los candidatos que se quedaron en el camino. La sombra que no va a dar el salto desde la etapa previa, la del otro yo. La gloria que alcanzó un jugador de tenis alemán, antes que la presencia del propio Nadal surgiese, y que terminó acabando en el olvido. Al contrario de todos los ejemplos que aquí han salido derrotados.

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