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18 de noviembre de 2019 18/11/19

Opinión

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El ojo de halcón, las pilas y la Liga


  • 29 de enero
    de 2017
  • Elías Israel

Observar a dos leyendas de tenis, como Federer y Rafa Nadal, esperar a que el ‘ojo de halcón’ dirimiese el último punto del Abierto de Australia y comprobar un rato después como, en el Benito Villamarín, un balón de Piccini entra casi un metro en la portería de Adán y que ese gol no suba al marcador, obliga a ponerse las pilas de manera rápida.

Para colmo, el hecho de que otras Ligas lo estén utilizando y en la mejor Liga del mundo no se haya resuelto aún, obliga a buscar una solución de urgencia. No se trata de que el damnificado sea el Barça. El problema es que es un problema ya resuelto y que en nuestro campeonato sólo está en vías de solución. De todo punto, insuficiente.

Conste que, desde mi humilde punto de vista, la línea de gol es el único lugar en el fútbol donde se hace necesaria la tecnología. No influye en el ritmo del partido y no deshumaniza el espíritu del deporte. Hay que convivir con el error, ya sea del árbitro, del portero o del defensa.

Nunca sabremos qué hubiese pasado en ese partido si aquel gol hubiese subido al marcador, pero está claro que al Real Madrid, la jornada le ha salido redonda, con Kovacic erigido como líder, manejando la sala de máquinas, marcando el primer gol y sirviendo en bandeja el segundo a Cristiano. El equipo de Zidane se ha sacudido fantasmas, a pesar de la excelente imagen de la Real, pero el Madrid no te perdona.

Si el Barcelona hubiese puesto el mismo interés en los primeros 75 minutos que en los últimos 15, donde asedió el área bética, otro gallo le hubiera cantado, más allá del mal llamado gol fantasma.

El Sevilla también cayó en Cornellá, para ponderar el excelente trabajo de Quique Sánchez Flores en el Espanyol. Es cierto que la expulsión de Pareja en el primer minuto, con el consiguiente penalti, le puso el partido muy de cara, pero se vio a un equipo ‘perico’ atrevido, divertido y generando muchísimas ocasiones. El mayor legado del entrenador es acabar el partido con Aaron Martín, Marc Roca y Marc Navarro, el último descubrimiento. Eso, para un entrenador, es legado y para un club es patrimonio.

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