Archivo
22 de octubre de 2018 22/10/18

Opinión

Opinión

El misterio de las faltas de Cristiano


  • 08 de diciembre
    de 2009
  • José Miguélez

Los lanzamientos de falta son el secreto mejor guardado de Cristiano. Un misterio que convierte en sospechoso al portero que se pone enfrente. Da igual su nombre, siempre da la sensación de que podía haber hecho más. Le pasó también a Mandanda en Marsella, incapaz de desviar un remate lejanísimo, desde 30 metros, casi a dos áreas de distancia. Un disparo que dejó su vuelo de golpe, pero para caer a buena altura, no demasiado alto y cerca, a tiro de un paso o una estirada. De hecho, el francés llega a tocar el balón a mano cambiada, con la izquierda lanzándose hacia su derecha sin apenas despegar los pies del suelo. Pero el balón ni se inmutó, se metió en la portería como si no hubiera tropezado con ningún guante. A la vista, en suma, el chut era parable, una tentación de pedir explicaciones al meta. Pasó algo parecido luego, en otra falta a las manos, que intentó desviar hacia adelante y el balón le salió despejado a córner hacia atrás. La realidad se empeña en decir que no es fácil parar las faltas de Cristiano, que una ley física desconocida refuerza sus golpeos: originales por su liturgia al concentrarse, por la forma de encarar y atizar al balón y por el trayecto imprevisible y casi antinatural de la pelota. Casi imparables. Quizás exista un componente psicológico, el pánico de los metas. Cuesta dar con una explicación científica. Las faltas de Ronaldo no dejan nunca bien a los porteros. Y la culpa necesariamente es del luso.

Suscríbete a nuestro newsletter

Volver arriba