SPORTYOU

Archivo
7 de diciembre de 2019 7/12/19

Opinión

Opinión

El minero del gol


  • 14 de noviembre
    de 2019
  • Ricardo Rosety

Es curioso que fuera en otro parón de LaLiga por los partidos internacionales de selecciones, aunque aquello sucedió en el mes de octubre. Para ser más precisos en 2002. España jugaba contra Irlanda del Norte en Albacete, en un Carlos Belmonte que 24 horas después tenía que acoger otra jornada de LaLiga de Segunda División. Como quiera que el Sporting era el visitante del encuentro del domingo, en la cabina de Onda Cero se juntaron a narrar y comentar aquel partido de la Selección, Gaspar Rosety y Enrique Castro “Quini”, que viajaba como delegado del equipo asturiano. ¡Qué momento! A modo de guiño, anécdota, deseo o vete tú a saber porqué, Gaspar le preguntó a Quini por un futuro integrante de aquella selección que viajaba camino del Mundial de Japón y Corea, y el ‘Brujo’, que por algo le llamaban brujo, no dudó en nombrar a David Villa. Le ayudó el disfraz de deseo que le puso a la respuesta, pero esa bendición no la recibe cualquiera.

Un año antes, David Villa empezaba a ser ‘El Guaje’ en El Molinón. Cuando un jugador se diferencia en Mareo, empieza el murmullo. Y eso fue lo que ocurrió. No es que le hiciera debutar, es que a Pepe Acebal no le quedó más remedio. Y no es quitarle mérito. Una mañana de domingo le dio el 9 de la rojiblanca del Sporting ante un Atlético de Madrid que ya presumía del ‘Niño Torres’ en su intento de regresar a Primera División. De allí, ya nadie le movió. Pudo jugar en el Real Oviedo, pero le rechazaron. Después llegaría el Sporting, y fue en un derbi donde anotó su primer gol en El Molinón. Y el segundo. Los primeros de una lista interminable de goles de un delantero que no dio pistas de la clase de futbolista de talla mundial que ha terminado siendo.

El Sporting no pudo ni retenerlo ni venderlo por una cifra que se acercara a su valor en el mercado. Siempre se le ha echado de menos y a todos nos hubiera gustado su regreso. Pero nunca se lo exigiríamos. David ha presumido de su historia y de sus raíces. El niño que quería ser “minero como mi padre” prefirió el balón porque “no tendría el suficiente valor” para afrontar el día a día. Llevó el nombre de Tuilla hasta el Soccer City en la noche más feliz del fútbol español, en otro peldaño más de una larga lista de goles que le han ido convirtiendo en el mejor delantero de la historia de la Selección.

Allí donde iba empezaba siendo uno más, y terminaba siendo la referencia a seguir. Nunca le ha faltado valor. Nunca le ha faltado olfato, calidad, inteligencia o trabajo. Puede ser que no haya sido minero con su padre, Mel, quien lo ha acompañado a todos los rincones del mundo. David Villa ha formado parte de la mejor generación de futbolistas que hemos visto, y lo ha rubricado a base de goles: “Peleamos por ser futbolista y gracias a la minería con el trabajo de mi padre lo conseguimos”. Un jugador de leyenda. Un minero del gol.

Suscríbete a nuestro newsletter

Volver arriba