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23 de mayo de 2019 23/05/19

Opinión

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El mecánico de Andy Schleck


  • 21 de julio
    de 2010
  • Iñaki Cano

Aprovechando que hoy es el día de descanso en el Tour de Francia y después de veinte Vueltas a España, doce Tours y seis Giros, me veo en la obligación de salir en defensa del mecánico del luxemburgués. Cualquiera que haya visto una bicicleta sabe todo lo que milimétricamente lleva instalada. Desde el cambio hasta el freno pasando por los radios y los pedales. Cualquier desajuste por un mal uso de ellos, puede derribar al jinete o dejarlo tirado.

He visto tantos tropiezos que me puedo permitir el lujo de criticar a los espectadores franceses que abuchean a Contador. Desde Pedro Delgado hasta Miguel Indurain todos han sufrido alguna vez una inoportuna avería que les ha dejado tirados. No recuerdo que el pelotón o el rival de turno haya parado por eso. Todo lo contrario. Les han demarrado para ver si así podían quitárselos de encima.

Una prueba ciclista tiene caídas, averías y cortes por el viento. Una descomposición o una “pájara” que ha provocado un descalabro en el pelotón y hasta en la propia organización de carrera. Que un líder como Andy Schleck se quede en una rampa cuando intenta despegarse del rival más fuerte es una auténtica faena, pero de ahí a matar a Alberto Contador… Los ciclistas saben donde están y qué deporte practican y por eso la mayoría, salvo algún Amstrong de turno, han callado y no han acusado al pinteño por su acción. Hinault es el único que ha criticado al corredor de Luxemburgo y a su mecánico. ¿Qué culpa tiene el mecánico de que Schleck utilice mal el cambio? No D. Bernard, sea usted valiente y mójese. Deles caña a los aficionados franceses que son los que en el podium silban a Alberto Contador. Dígales a esos que tanto alaban su Tour, televisión francesa incluida, que manden el mensaje idóneo para que los que les leen y les ven, se corten un poquito. Usted mismo, Sr. Caimán, transmítales a esos que le adoran que el madrileño no hizo nada antideportivo y que usted en más de una ocasión también se aprovecho de los fallos mecánicos de sus rivales o de las pájaras muy habituales en su época por la alimentación, seguramente, menos sana que la de ahora. Es más, si quiere acabar de una vez por todas, con la vergonzosa situación que se está produciendo y que aumentará con el paso de los días en la entrega de premios, haga una declaración pública diciendo que todo ésto es sólo producto de la envidia y de la rabia que sus compatriotas les tienen a los míos.

Debe de ser muy duro que un país como Francia, lleve tantos años sin comerse un colín con uno de los suyos en una carrera (la mejor del Mundo) que organizan los franceses. Debe de dar mucha rabia montar Roland Garros y que siempre gane el mismo tenista español. Que “La Roja” sea campeona del Mundo y de Europa y que los “blues” se anden pegando entre ellos, también debe de escocer. Como debe dejar heridas también, que España lo gane todo en baloncesto y los “gallos” franceses no lleguen ni al aro que en la NBA le tapona Gasol a Parker, que aunque lleve apellido inglés, es francés. En resumen, monsieur Hinault, la envidia es muy mala consejera y más aún si el que te está dando, es el vecino del otro lado de los Pirineos, esos que durante años fueron muy pobres en el deporte.

Si fuera usted valiente les diría a esos “aficionados galos” que al líder sólo se le espera si se para a hacer pipí o algo mayor, pero si hay alguien que pueda parar estos desvaríos con música de viento, ese sólo puede ser usted: Bernard Hinault “El caimán”.

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