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La tragedia de Sofoklis

Un solo jugador con verdadera experiencia en partidos de élite europea, Prigioni. Un entrenador novato y evidentes carencias ofensivas. Pocos argumentos como equipo para aspirar de manera real a jugar una final. La ilusión del Real Madrid no fue suficiente (82-63). La propuesta del Maccabi no dejaba lugar a dudas. Con Sofoklis Schortsanitis en cancha, […]


6 de mayo de 2011 Daniel Cana - Sportyou

Un solo jugador con verdadera experiencia en partidos de élite europea, Prigioni. Un entrenador novato y evidentes carencias ofensivas. Pocos argumentos como equipo para aspirar de manera real a jugar una final. La ilusión del Real Madrid no fue suficiente (82-63).

La propuesta del Maccabi no dejaba lugar a dudas. Con Sofoklis Schortsanitis en cancha, balones casi en exclusiva para él. Incontenible para todos los pivots del Madrid, casi siempre se emparejó con Tomic, que le defendió sin rubor con las manos y ni así obtuvo verdaderos resultados. En la otra zona, el talentoso croata aprovechó por contra su rapidez para compensar las pérdidas, ayudado por el coraje indesmayable de Felipe Reyes. Tosco, rudo, poco estético, pero el capitán del Madrid se ganaba el sueldo y el respeto. Sus numerazos ni siquiera hacían justicia a su trabajo, a sus ganas de competir y a los furiosos deseos de jugar una final europea y más en Barcelona.

Sin el pívot griego en campo, Maccabi apostó por un juego más abierto, aprovechando la velocidad de ejecución de Pargo y la puntería de Pnini, que ya ajustició a Baskonia en cuartos de final a la manera de un tirador de los de toda la vida. Descanso 32-29, buenas noticias para el Madrid.

El equipo hebreo ha sido el máximo anotador de la Euroliga durante todo el año, con más de 82 puntos por partido, parte de ellos a través de 16 asistencias por juego, y esa fluidez ofensiva quedó manifestada en el tercer cuarto, solo penalizada por el horrible porcentaje en tiros libres; siempre es difícil dar el nivel máximo de juego ofensivo en una Final Four, pero un gran mate de Pargo coronó su buena racha y un parcial de 40-32 hasta la tercera e inocente falta personal de Big Sofo. Un triple de Suárez y otro de Llull, inéditos hasta ese momento, aportaban el oxígeno al Madrid que consumía un errático Tucker; se puede estar desacertado, pero caer en un contumaz individualismo tiene peor explicación. Con Molin jugando con fuego dejando a Prigioni y Tomic en el banquillo, un error de Fischer en un saque de fondo aprovechado por la energía de Eidson situó al Madrid en un punto crítico, 55-47 con el último cuarto por jugar.

Zona 2-3 como novedad táctica de inicio, destrozada con dos triples de Eidson y Pargo. Cuando regresó Prigioni al campo, por un desafortunadísimo Sergio Rodríguez, el Madrid ya perdía por 14 puntos, 63-49. Demasiado tarde. Siete minutos antes del final se acabó el partido. Siete minutos para continuar la puesta a punto de Sofoklis tras su reciente lesión de tobillo de cara al domingo, donde espera Batiste. 82-63 marcador final, con Sharp anotando un triple ante la sonrisa cómplice de Blatt.

Para el Madrid, alcanzar la Final Four tras quince años de ausencia es una buena noticia que debe ser capitalizada como dijo Valdano después, pero la imagen final resultó muy decepcionante. Perder así tras esperar tanto tiempo hace daño. La juventud del equipo es una cosa, la falta de verdadera competitividad, otra muy distinta. Llull y Suárez deben aportar solidez y tener más visibilidad en el juego, pero en general se necesita más, para empezar un entrenador de élite que al menos termine la temporada, que esa es otra.

Maccabi, finalista en su undécima participación en la cita a cuatro, un ejemplo de club de basket que combina buena gestión con tradición, se enfrentará a Panathinaikos el domingo, prontito por el Yom Hazikaron. Espera Zeljko. Otro clásico.

Estadística oficial del partido en la web oficial de Euroliga

Panathinaikos 77 – Montepaschi Siena 69 Maccabi Tel Aviv 82 – Real Madrid 63

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