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21 de mayo de 2019 21/05/19

Opinión

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El invencible Robert Kubica


  • 06 de febrero
    de 2011
  • David Sánchez de Castro

“Están hechos de otra pasta”. Esta frase puede servir para describir a toreros, soldados, periodistas de guerra o, cómo no, pilotos de automovilismo o motociclismo. El accidente de Robert Kubica nos ha tenido (y aún nos tiene) a todos con el corazón en un puño, sobre todo a primera hora del día cuando los rumores sobre su estado de salud han rozado lo estrambótico: he llegado a leer desde que había muerto, pasando por un coma profundo o que se le había amputado una mano (esta posibilidad se ha mantenido, por desgracia, hasta media tarde). El amarillismo en estos casos no sorprende, aunque no por ello deja de ser triste y, por tanto, denunciable.

A Kubica le ha podido su pasión por la velocidad. El polaco exigió a Lotus Renault una cláusula en su contrato por la cual le permitían correr algún rally esta temporada, ya que para él no cabe pensar únicamente en Fórmula 1. El polaco es un piloto total. Es de esos que cuando se bajan del monoplaza, ya están pensando en qué habrá que hacer en la siguiente carrera, mientras en una pequeña parte de su mente tiene presente que ese día se está disputando la DTM alemana, cierta prueba del mundial de turismos o que Sebastian Loeb está a punto de coger en un scratch a Mikko Hirvonen. Es un ejemplo de piloto clásico, que recuerda a las épocas de Jackie Stewart o Graham Hill, esos que tenían la Fórmula 1 como una de sus múltiples disciplinas.

Me recordaban este domingo el caso de Alessandro Nannini. El italiano fue el vencedor del Gran Premio de Japón de 1989, aquel en el que Alain Prost y Ayrton Senna se tocaron a final de la recta de Suzuka, el brasileño fue descalificado y le acabó costando el campeonato. Nannini era otro de los que “olía muy bien”, de esos que se le veía maneras para alcanzar la gloria. Sin embargo, un fatídico accidente de helicóptero destrozó su mano y sus esperanzas. El italiano dejó la Fórmula 1 sin pena ni gloria, más allá de aquella victoria, y pasó a correr a turismos, primero en Italia, luego en Alemania y posteriormente el Mundial de GT’s.

Nannini no se rindió. El palo de tener que dejar la Fórmula 1 por obligación no le impidieron seguir compitiendo, y como él hay otros casos. El de Alessandro Zanardi, especialmente duro habida cuenta que perdió las dos piernas en un accidente en la Champ Car, es el más cercano en el tiempo, y puede ser un espejo en el que se puede fijar Kubica, si se confirma lo que nos tememos: que tendrá que dejar la Fórmula 1.

“El piloto más rápido es Robert”. Esta máxima ha sido una de las que más se oyen por el paddock, ya sea en boca de su amigo Fernando Alonso, de Heikki Kovalainen o de Michael Schumacher. Kubica llegó para ser campeón, y, como hace cuatro años en el circuito Gilles Villeneuve, un maldito bache, un maldito accidente ha estado a punto de quitarnos a un portento del automovilismo como hacía años que no había aparecido. Afortunadamente, sólo nos lo puede quitar de la Fórmula 1.

A la hora de edición de este texto, Robert Kubica se encuentra en un quirófano, donde los mejores ingenieros de la medicina están intentando salvar la funcionalidad de su mano derecha, una vez confirmado que no será necesaria la amputación. Pase lo que pase, me uno a una iniciativa global en la Fórmula 1: Nie poddawaj się Kubica! (¡No te rindas, Kubica!)

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