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17 de octubre de 2019 17/10/19

Opinión

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El DNI


  • 27 de septiembre
    de 2019
  • Ricardo Rosety

Lo lleva en la mano derecha al tiempo que levanta el pulgar de la izquierda. Es Ansu Fati en la portada de Sport. Enseña ese documento que le hace feliz y que propicia que la Selección Española sub 17 lo pueda incluir entre los convocados para el Mundial de Brasil. No es el detalle que más entusiasme al Barcelona que le va a echar de menos en todo un Clásico. A falta del brillo de sus estrellas, es un niño de 16 años el que acapara los focos cada vez que pisa el césped. Por novedad, por descaro, por asombro, por entusiasmo… y hasta por la alucinante historia de un crío que solo se cree las cosas cuando ya las ha convertido en realidad. Ocurrió con sus entrenamientos al lado de Messi, con su debut ante el Betis, cuando marcó el primer gol en Pamplona a los cuatro minutos de salir o con su arranque de ensueño ante el Valencia en un cuarto de hora maravilloso.

No es el único. Rodrygo Goes ha caído con estrella en el Bernabéu. Apenas le sobraron unos segundos para hacer un control extraordinario, encarar a su par y marcar su primer gol en el fútbol español. Dos minutos separan su fotografía entrando al campo y la de su celebración en el córner. Poco más que Ronaldo ante el Alavés en su estreno de blanco en esa misma portería. Como si con él no hubiera una exigencia que parece ahogar a Vinícius, autor del otro gol ante Osasuna, y cuyas lágrimas desvelan el peso que soporta un futbolista de 18 años convertido en estrella antes de llegar a Madrid. Compagina errores infantiles con detalles de estrella. Todos insisten en la edad como factor a cuidar. A esa edad, no es bueno tener prisa. Y menos que la tengan contigo. Ansu Fati sólo ofrece declaraciones ante las cámaras de Barca Tv por prescripción técnica, y a Vinicius Jr. se le mima ante la exigencia que duda de su capacidad de cara al gol y la portería rival. Con Rodrygo Goes no ha habido tiempo ni de protegerlo, y ya se ha presentado en el Bernabéu ante todo el mundo.

Es curiosa la relativa importancia que se le da al DNI. Cuidar a los jóvenes e ir jubilando a los que deshojan margaritas cada primavera como quien cuenta los minutos que le quedan sobre el césped. Santi Cazorla agradece la ovación que se le tributa en cada estadio al mismo tiempo que medita alargar su carrera una temporada más. Tiene 34 años, y un curriculum de operaciones que hacía impensable volver a ver feliz con un balón, y ahora disfruta de cada segundo de un partido. Y luego está Joaquín. O ese dorsal 17 que dice haber cumplido ya los 38, y al que le piden el carnet como al tipo que quiere entrar en la discoteca y el portero no le cree. Pero al revés. Después de tres asistencias y mil virguerías se ha dado cuenta que hay que renovar el DNI. ¿Para jugar al fútbol? No. Para eso ha quedado claro que no hace falta.

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