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El Deportivo no encuentra el camino

No hace ni un mes que el deportivismo y Miguel Angel Lotina presumían de plantilla. Los fichajes, todos a coste cero, mejoraban lo anterior decía. El Depor se ha reforzado mucho en las bandas: Urreta, Desmarets, Saúl; en el centro del campo Rubén Pérez, Michel; y en la defensa: Morel y Rindaroy para suplir a […]


27 de septiembre de 2010 Sergio Barriocanal - Sportyou

No hace ni un mes que el deportivismo y Miguel Angel Lotina presumían de plantilla. Los fichajes, todos a coste cero, mejoraban lo anterior decía. El Depor se ha reforzado mucho en las bandas: Urreta, Desmarets, Saúl; en el centro del campo Rubén Pérez, Michel; y en la defensa: Morel y Rindaroy para suplir a Filipe. Lo único que no ha fichado es gol. Tras la salida de Mista y Bodipo, cuyos números fueron pésimos, se decidió que era suficiente con Riki, Adrián y Lassad. Esa ilusión prematura se ha convertido hoy en alarma y decepción. La situación del Depor se defiende fácil con los números: sólo ha ganado un partido (en mayo al Mallorca en Riazor) de los últimos 18 de la Liga BBVA; sólo ha marcado dos goles (Guardado de penalti) en los cinco partidos de la actual temporada; pronto se cumplirá un año de su última victoria lejos de Riazor, que fue en El Sardinero el 29 de noviembre de 2009… Lotina no da con la tecla: en los cinco partidos disputados ha utilizado a 22 jugadores, con casos que van de la grada al once y con modificaciones tácticas que no aportan soluciones. Eso son datos, estadísticas que enseñan algunas de las carencias del Depor.

En la búsqueda de respuestas también hay que fijarse en las pérdidas que ha tenido el técnico en este primer tramo. Aranzubía, portero titular, sigue lesionado y aún no ha debutado. Urreta, el fichaje estrella, tiene para seis semanas por una lesión en la rodilla; Michel, el joven del Valencia en el que Lotina confiaba, ha pasado por el quirófano y no se le espera hasta dentro de cuatro meses; y Riki, el delantero con más experiencia y el número ’12’ para el técnico, estará de baja tres semanas por una lesión muscular.

Pero además de todo esto se ha producido una fractura interna que interrumpe la calma con la que se movía Lotina y su grupo en la temporada pasada. El caso Valerón le ha estallado en las manos al técnico. Lendoiro renovó al canario de por vida y Lotina, en cambio, no cuenta con él sin medir el ascendente que tiene el centrocampista dentro del vestuario y ante la afición. El único que no se ha quejado de su situación (tres partidos sin convocar) ha sido el propio Valerón, pero sus compañeros le consideran importante aunque sea para estar en el banquillo. Todos coinciden en que pese a la edad es el único capaz de hacer jugar al equipo y dar el último pase. En esa fractura también pesa el modelo y el mensaje futbolístico. Los jugadores entienden que se abusa del fútbol directo, que no existe un patrón de juego definido, aunque el mensaje de cara al exterior sea que la idea es tener buen trato de balón y dominar los partidos. Los planteamientos han originado algún roce interno con el tono de voz bastante elevado como el que se vivió en el vestuario del Madrigal entre uno de los capitanes y el segundo entrenador José Luis Ribera. El segundo de Lotina se quejó de que el equipo no llegaba arriba y el futbolista le recriminó que cómo iban a llegar si el equipo jugaba encerrado atrás y con tres medios centros.

Los pesos pesados también le han hecho saber al técnico que hay alguna joven promesa que no acaba de explotar que no se esfuerza en los entrenamientos y que luego le pone a jugar habiéndose entrenado sólo un par de dias durante la semana. Luego, hay jugadores de gran peso como Juan Rodríguez, destacado incluso como goleador la pasada temporada, al que Lotina ha metido en la noria del banquillo y la titularidad con el consiguiente mosqueo del centrocampista.

El pacto de Almería

Hace dos temporadas, en la 2007-2008, Lotina vivió una situación parecida e incluso más crítica. Al finalizar la primera vuelta, y después de perder en Almería, el Depor aparecía en puestos de descenso. Después de ese partido los capitanes (Manuel Pablo, Coloccini, Valerón y Sergio) se reunieron con el entrenador y le pidieron un cambio de sistema para salir de la situación. Lotina escucha y es sensible a las opiniones de los futbolistas. De hecho, la pasada semana les hizo hablar en el corro antes de iniciar el entrenamiento. En aquella reunión de enero de 2008, los capitanes le hicieron ver sus soluciones y Lotina aceptó. Cambió el sistema y el Depor pasó a jugar con una defensa de cinco y firmó una segunda vuelta espectacular.

Ahora la situación es difícil pero los jugadores y el cuerpo técnico transmiten tranquilidad “porque estamos a tiempo de solucionarlo”. “Es mejor que nos pase ahora que más adelante”, afirmaba Valerón después de la derrota ante el Almería.

¿Y qué dice Lendoiro? Pues en el club también se vive con cierto nerviosismo el arranque de la temporada, pero el presidente en estos casos es de hielo. Su experiencia le hace ver la montaña rusa de los resultados con frialdad y paciencia que falta en otros clubes. En sus 22 años como presidente del Depor sólo ha tenido ocho entrenadores (Boronat, Arsenio, Toshack, Carlos Alberto Silva, Corral, Irureta, Caparrós y Lotina) y no es de los que pierde los nervios. Los pitos de Riazor, cada vez más vacío, no le gustan y desde el club dejan entrever que su paciencia no es inifinita, pero que tiene confianza en la plantilla que ha confeccionado.

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