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24 de junio de 2024 24/06/24

Opinión

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El daño no es más fuerte


  • 05 de enero
    de 2012
  • Alfredo Varona

El silencio era enorme. La noche invadía Madrid, que se recuperaba de un monumental atasco de corredores. Sólo quedaba la memoria de todo eso; sólo faltaba media hora para que se iniciase la San Silvestre Internacional. Yo bajaba calentando por uno de los laterales de Concha Espina cuando me crucé con Marta Domínguez, que salía de una bocacalle. Trotaba en sentido contrario. Y, sin necesidad de dirigirme a ella, rápidamente me acordé de lo que cambia la vida. El silencio da para mucho. Hace un año esa mujer no podía salir de casa. Era casi imposible cruzarse con ella. En la soledad se la imaginaba traumatizada y asesorada por legiones de abogados. Su biografía era una sospecha y, embarazada, el pueblo dudaba que tuviese ánimo para volver a competir.

El daño no ha sido más fuerte. Marta ha vuelto y por eso me crucé a su lado, en Madrid, cuatro horas antes de terminar el año. Luego, recogió todo el cariño posible de las gentes de Vallecas, que le pedían un último intento desde las aceras. Eso no lo vi, porque entre mi ritmo y el suyo hay varios minutos de diferencia. Pero la imagino emocionada en su esfuerzo y me alegra si ese esfuerzo fue siempre tan puro como el origen de su sonrisa. Y ahora se me ocurre todo esto porque hay gente que necesita recordar lo que puede cambiar la vida. El pasado martes, ‘Público’, un periódico donde hay gente que escribe de deportes maravillosamente como Kike Marín, sintió el jaque mate. Al fondo, arrinconado, quedaba el esfuerzo de años, el talento de periodistas con más talento que popularidad. Vi algo en primera persona. Vi dolor, no resignación. Casi desde sus inicios, colaboro con esa aventura que todavía me parece fascinante. Sé que ahora cuesta verlo, pero si Marta abandonó un drama, que parecía irremplazable, ¿por qué no va a hacerlo este periódico? ¿por qué el horizonte no va a despertar? Y, sobre todo, ¿por qué no va a ser optimista? Quizá entonces Gonzalo Cabeza pueda escribir, desde Londres, que Marta, al fin, fue medallista olímpica.

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