Archivo
21 de noviembre de 2017 21/11/17

Opinión

Opinión

El cuento de las cuentas, o el valor real de la estadística


  • 17 de mayo
    de 2009
  • Antonio Toca

Cuando en el mundo del deporte se habla de números, por lo general la gente mira para otro lado. Sin contar el fútbol y todo lo que se mueve alrededor de él, donde los datos sólo tienen sentido para el universo de las apuestas deportivas (y curiosamente en Europa es el deporte que mueve más dinero). Por esa razón me gusta la afirmación de Paul Shirley en su columna ‘Estadísticas y falsedades’: “en el mundo de las estadísticas nadie tiene toda la razón sobre nada”. Y subrayo yo, se necesita a alguien que sepa de verdad analizarlas (como ese término tan en boga hoy en día en el universo de los medios online llamado analítica web, que clarifica el enorme caudal de datos informativos que genera una Web, cuyo valor interpretativo es imprescindible para plantear la estrategia futura).

Así que, el problema reside en la interpretación de esos datos númericos. No la hay o nadie la realiza de la manera que se debe llevar a cabo. ¿Por qué? Entiendo que por aburrimiento. En realidad, es una tarea que, o te apasiona, o a quien hayan señalado para realizarla, la terminará dejando en el montón de trabajos pendientes. Sin embargo, la importancia verdadera reside en el análisis o interpretación de esos datos (como el analista web del que hablaba antes), en las estadísticas y en la información importantísima que generan la combinación de los mismos. Números, estadística, datos… en el fondo es información para preparar una estrategia. Y esto pocos lo ven.

Llevándolo al terreno del fútbol, y saltándome una regla sagrada de esta columna, supondría dar mayor importancia a lo realizado por aquel jugador que se lleva todos los titulares por destacar en uno o dos partidos al año (los mediáticos, en terminología de los “buenos” narradores de fútbol de este país), mientras existe otro jugador que al calor de los datos, muestra que su rendimiento es muy válido y notorio partido tras partido, independientemente del valor mediático del mismo (usemos el ejemplo de este gran FC Barcelona de Guardiola, y salen a la palestra varios nombres).

Regreso otra vez a la citada columna de Paul Shirley (de lectura obligatoria todos los lunes), en este caso planteando un ejemplo en el baloncesto, en concreto, sobre la importancia de un jugador cuando está en la cancha: “la estadística, en esencia, mide el impacto de un jugador sobre el resultado final haciendo un seguimiento de los puntos marcados cuando el jugador está en la cancha y cuando está en el banquillo (…) quieren evaluar por qué sus jugadores son mejores o peores que otros y, en consecuencia, si seguir pagándoles o no.

Es decir, tomas una serie de variables como deportista, juego, implicación, tensión, resultado, estadísticas, información… y el resultado debe darnos la estrategia a seguir. Cogiendo la idea que se utiliza para designar al mejor jugador de la semana en la ACB, se trata de una ecuación en la que se juntan todas las acciones positivas en un partido del jugador, restando la negativa, y que da como resultado una puntuación. Es simple, ¿pero es válida? A simple vista, no tiene en cuenta el dato estadístico que apuntaba Paul Shirley, ni en qué situación del partido (minutos de la basura, por ejemplo) fue sumando sus puntos positivos (no es lo mismo hacerlo con un final reñido que con uno ya resuelto. De ahí, siempre la interpretación que tanto repito.

Sin movernos del mundo del baloncesto, y haciendo caso a la estadística que comenta Paul Shirley, Allan Iverson voló de Denver a Detroit a cambio de Billups. El cambio, a nivel mediático decía una cosa, pero a nivel estadístico (siempre con un caudal de información a su lado), decía otra. ¿Resultado? Denver está en la final de Conferencia y Detroit eliminado a las primera de cambio.

Continuemos con ejemplos. Las estadísticas dicen que el Barcelona sufre en las jugadas a balón parado cerca de su área, pero las mismas también indican que debido a su estilo de juego apenas las concede. Y esto gracias a un dato abrumador: % de posesión del balón. Si uno tiene el balón, el contrario no le crea peligro. De nuevo, la comparación. Otra vez, la equivocación al tener un dato frío que no sirve de mucho.

El primer problema era el análisis de los datos. El segundo es la cultura. En el mundo anglosajón no sé si inventaron la estadística, sí el marketing, que no es más que la interpretación de los estudios que se realizan sobre sus productos. Como en el deporte profesional americano, el deportista es un producto, el nivel de datos númericos que generan cada jugador es elevado, necesario para valorar su impacto en el juego, y su valor económico. Tanto generas, tanto cobrarás…

El ejemplo y la base de todo lo que he tratado de contar, mira al baloncesto, por el libro de ‘The Wing of Wins’, pero sobre todo al béisbol y a un libro, ‘Moneyball’ de Michael Lewis, o el impacto que el uso y la interpretación de las estadísticas en uno de los equipos con más bajo presupuesto de las ligas mayores, le permitió llegar sin apenas estrellas, y en el momento que se aplicaron las tácticas y las teorías de sabernomics (análisis financiero y matemático a las estadísticas anuales de la temporada de béisbol), a la gestión del equipo y la plantilla, jugar durante cuatro años seguidos la post temporada. Con el análisis de la información, gracias a un financiero fanático de este deporte, que podía ver con otros ojos el valor real que le asignaban los ojeadores a cualquier jugador, realizaron selecciones incréibles en el draft, que a la postre les dieron la razón. El problema surgió cuando su teoría y su estrategia, basada en el uso adecuado de la información, salió a la luz gracias al libro, lo que motivó que otros equipos, más potentes económicamente, copiaran sus ideas y les movieran la silla. Entonces, si los americanos lo usan, ¿por qué nosotros, pensando en Europa, no?

Para terminar, un último ejemplo. Regreso a Rafael Nadal, a quien si no. Cojamos sus números, y comparémoslos (que es lo que al final da el valor real de cualquier ratio o número), con los de otros tenistas en situaciones de tensión, en los juegos donde se juegan los puntos calientes y los sets. Si uno se fija, observará que apenas existen los errores no forzados, que su nivel de exigencia frente a otros es mayor en esos puntos, y que en la mayoría de los casos, caen siempre de su lado (hay un plan previo, las bolas irán siempre hacia el lado débil del contrario). Si uno cambia el análisis de los puntos calientes, por los que se juegan en los primeros juegos de cada set, contemplará que la distribución de los mismos es más equilibrada, que no hay una diferencia tan grande cuando la tensión y la cabeza no exigen. Algo así aprendimos de Agassi. A economizar esfuerzos y analizar la información que le traían los datos. A pelear sólo por los puntos calientes. Aquellos que el análisis estadístico daba por buenos.

Ahora sólo queda que el fútbol abrace el poder del análisis numérico (lo único que un principio podía servir para salvar la remontada del Real Madrid, y que es elogiable pero errónea, si se analizan con detenimiento sus números, de ahí su estrategia equivocada a nivel de directiva). Algunos ya lo hacen, pero no lo dirán. Servidor pone la mano en el fuego con el Villarreal, y en su tiempo con el Sevilla. Ambos tiran del análisis numérico a la hora de hacer sus plantillas. A ellos no les dan miedo los números. Quizá es que han cambiado su cultura.

Más información | Sabernomics

Suscríbete a nuestro newsletter

Volver arriba