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20 de enero de 2020 20/01/20

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El Barça se corrige ante un enorme Valencia

El césped de Mestalla fue un tablero de ajedrez. Emery y Guardiola jugaron a ser Karpov y Kasparov. De inicio, el valencianista puso contra las cuerdas a su rival, pero el barcelonista corrigió sus errores y se recompuso para acabar remontando. El duelo, de altos vuelos, acabó en unas justas tablas. Desactivó el Valencia al […]


21 de septiembre de 2011 José Mendoza - Sportyou

El césped de Mestalla fue un tablero de ajedrez. Emery y Guardiola jugaron a ser Karpov y Kasparov. De inicio, el valencianista puso contra las cuerdas a su rival, pero el barcelonista corrigió sus errores y se recompuso para acabar remontando. El duelo, de altos vuelos, acabó en unas justas tablas. Desactivó el Valencia al Barcelona durante sesenta minutos. Unai Emery encontró la pócima para anular el esquema de Guardiola atacando por la banda izquierda, donde Mathieu ejerció de torre para aprovechar el vacío existente entre Alves y Mascherano. El Valencia nunca renunció a sacar el balón jugado, no quiso rifar la pelota salvo en situaciones de riesgo. Para discutir la posesión sacó el talento de Canales, Banega o Pablo, que se sacrificaron en defensa para incomodar a su rival. Intensidad defensiva, contragolpes vertiginosos y nada de titubeos con el balón en los pies. La teoría es muy fácil. Ponerlo en práctica está al alcance de muy pocos.

Le costó al Barcelona conseguir combinaciones largas, sobre todo por la izquierda, por donde estaban Keita y Abidal. Cesc y Xavi apenas participaron en campo contrario. Las únicas apariciones del Barcelona en el área de Guaita fueron como consecuencias de chispazos de Messi, la dama. Cuando el argentino asistió al espacio al alfil Pedro, Mathieu ya había sacado su puñal para provocar el autogol de Abidal. Perder la pelota en el centro del campo era un suplicio para el Barcelona, que no ha asimilado aún ciertos movimientos del nuevo esquema de Pep, algo parecido a un 3-4-3, pero con muchas variantes en función de dónde esté el balón y de quién lo tenga. Busquets y Keita debían multiplicarse para ayudar atrás cuando el Valencia recuperaba. La jugada del primer gol se repitió en varias ocasiones. Acertó Pablo recibiendo el balón, solo en el segundo palo, con Abidal como único inconveniente. No lo hizo Soldado, que falló a puerta vacía. Previamente el duelo pudo girar por una entrada de Rami a Messi en el área que debió suponer, además, su segunda amarilla.

Para tapar ese agujero recolocó sus piezas Guardiola en la reanudación. De nuevo 4-3-3 con Alves en el lateral derecho, Cesc de anárquico extremo izquierdo y Pedro en el carril diestro. No funcionó y Soldado falló otra ocasión clara. Pep volvió a corregirse haciendo los tres cambios en apenas cinco minutos. Villa se situó en el extremo izquierdo, Adriano en el derecho y Thiago reanimó el centro del campo. Emery no consiguió el mismo efecto dando entrada a Piatti, Jonas y Tino Costa y su equipo se derrumbó poco a poco al pagar su esfuerzo físico. Mascherano avisó con un disparo lejano que besó la cruceta. Adriano, el alfil inesperado, generó varias ocasiones, aunque las mejores llegaron por el centro, por donde combinaron con más frecuencia Thiago, Xavi, Cesc y Messi ante un rival que se descosió. Empató Cesc en su enésima conexión con Messi. Guaita detuvo dos mano a mano a Villa y Messi, y Miguel sacó bajo palos un centro-chut de Adriano. Sobre la bocina Messi fue derribado en el área pequeña pero Velasco Carballo no concedió la pena máxima. Hubiera sido injusto. El duelo merecía saldo positivo para los dos maestros.

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