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18 de julio de 2019 18/07/19

Opinión

Opinión

Dos. Inicio. Final.


  • 21 de junio
    de 2013
  • Iñaki Cano Martínez

Tim Duncan

Comienzo a escribir con los nervios aún en el cuerpo. La noche siempre ha ofrecido y siempre ofrecerá cosas más intensas que el día. Cierto también que la luz natural es mejor que la anaranjada de las farolas o la tenue de las estrellas pero merece la pena. Por partidos como este séptimo entre Spurs y Heat yo trasnocho. Lo hago con gusto y con la garantía de que voy a vivir situaciones demasiado intensas como para quitar el sueño.

He vivido historia. Un cambio. Un inicio y un final. Duncan fallaba en el último minuto una canasta basada en un movimiento que ha llegado a convertir en arte. Battier le contuvo. Le había estudiado muchas veces. Admirado desde la distancia y desde la misma pista. Duncan no era capaz. Su imagen de lamentación en pleno juego, en el banquillo y al final ha sido de lo más angustioso que he sentido al ver deporte. Porque es uno de mis favoritos. Porque nunca habrá nadie como él. Porque sé que se va. Más temprano que tarde. Un final. Su final.
También he vivido el final de un argentino que fue legendario pero que se va a despedir de una manera dramática, cometiendo errores de principiante, impropios de alguien de su talla. Nunca creí que podría ver fallar de esa manera a Ginobili. De verdad. Ha sido tan inesperado, tan cruel e inocente en el acto, que aún no me lo creo. Saltar sin saber qué hacer. Perder la referencia de los compañeros. Nervios. Ginobili erró demasiado. Su cuesta abajo es tan agresiva que sus fallos son grotescos. Sus Finales han fluctuado tanto que el argentino se ha mareado. Evidentemente, no se puede (ni debe) señalar a un solo jugador pero Manu se siente así. Culpable.

Pero los Heat no son sólo campeones por errores del rival. Si esos defectos en la decisión contraria se produjeron fue porque enfrente estaba el mejor jugador del mundo, de esta década y uno de los diez mejores de la historia. Así de claro y de crudo. LeBron James es el hombre que ha sido capaz de forzar el error de Duncan en un movimiento clásico del mejor cuatro de la historia. Y ni siquiera estaba cerca de él. La presión ya la había impuesto anotando todo. Tirando del carro. Metiendo un triple. Lanzando desde seis metros. Corriendo. Empujando a su equipo hacia el segundo anillo. Liderando. Invitando a Duncan al error. Desesperando a Ginobili y borrando a Parker. Lo hizo él. LeBron es el dueño de dos anillos, de los Heat y de la NBA. No hay nadie como él. Ni lo habrá.

Se abre el debate sobre si su grandiosidad es comparable con la de Jordan. Sinceramente, es una conversación prematura. Aún nos quedan muchas noches para tener argumentos suficientes para entablar la conversación. Auguro horas y horas de intercambios de logros y de expectativas cumplidas. Pero aún no. Son sólo dos anillos. La perspectiva, ahora mismo, mientras escribo excitado por el partido, es clara. LeBron va a ganar otro más. Y otro. Y, probablemente, otro más. Not four, not five, not six…

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